May 19, 2012

CANNES: CARA B.



El Festival de cine de Cannes tiene muchas caras. La oficial es la de las estrellas guapas, las alfombras rojas, las secciones oficiales, las fiestas, los jurados sofisticados, los directores metepatas y la prensa especializada, que pontifica o mata, según los gustos personales de cada cual. Pero hay otra cara menos glamurosa: la de los cerca de 4000 cineastas que acuden con sus películas al Marché du Cannes, donde la competencia es realmente feroz y donde, en la lucha por conseguir un contrato de distribución o un agente, el cineasta novel que no llega avalado por una gran productora, está completamente solo. Aunque pocos lo están tanto como Erik Eger hace dos años, cuando consiguió que su película A hundred years of evil fuera seleccionada para estar en el que se considera el mayor mercado de cine del mundo, por donde en estos días circularán 10.000 profesionales, 4000 títulos y habrá 1500 proyecciones. Al mercado acuden nombres muy importantes de la industria con directores y estrellas igual de importantes que los del festival pero también mucha gente anónima para esa industria, como Erik, que tuvo la osadía de inscribirse, ser aceptado y presentarse en 2010 arruinado y sin ningún contacto pero arropado  por su actor principal, su compositor y su novia, (¡qué sería de los directores sin sus novias!), una pintora que pagó el alquiler del apartamento cochambroso en las afueras de Cannes en el que se hospedaron con uno de sus cuadros. 

Tengo que admitir que a Erik le conozco y le quiero: trabajé en el primer cortometraje de este sueco con alma de vasco (vivió en San Sebastián muchos años) en el año 2000, una irónica reflexión sobre el mundo del arte en 16mm titulada The Artist (sí, un título tan común que hasta tiene oscar). Lo conseguimos llevar a la pantalla con apenas 4000 dólares, un milagro de producción que repetimos haciendo juntos dos vídeos de The Hellacopters y posible sólo porque aprendí, como Erik, en una excelente escuela de cine underground: The Family Film Productions (algún día tendrá su propio post).



Diez años después me vuelvo a reencontrar con Erik en Williamsburg, donde hoy sábado estrena el 'mockumentary' (falso documental) A hundred years of evil, una desternillante parodia al más puro estilo Zelig sobre los documentales de conspiraciones que plagan el history channel y otras cadenas similares. A hundred years of evil es el viaje de un profesor noruego obsesivo (interpretado por el músico y actor Jon Rekdal) por demostrar que Hitler sí sobrevivió a la II Guerra Mundial y es un excelente ejemplo de cine 'do it yourself'. Y además, con buenos resultados.

Más allá de invitar a los neoyorquinos a ver la película hasta el próximo día 25 en Indiescreen, (los no neoyorquinos pueden verla en iTunes y Amazon), quiero contar la historia de lo que pudo ser y no fue. 



Quemando tarjeta de crédito ya ultra chamuscada por los gastos de auto producirse la película, (sí, es posible hacer cine sin subvenciones gubernamentales) Erik y su equipo alquilan por 1000 euros una de las salas que Cannes le ofrece a los cineastas que acuden al mercado en 2010. Tres días antes de viajar a Francia, Erik recibe una llamada: al otro lado del teléfono un tipo que dice ser agente de la agencia William Morris -quizás la más poderosa de las agencias de Hollywood- le comunica que le han hablado muy bien de la película y que quiere ser su agente. Eso significará que tendrá que anular su estreno en Cannes y dejar que a partir de ahora él mueva todos los hilos. Erik, que en ese momento se debatía en un supermercado frente a unas tristes latas de atún en oferta, primero piensa que es un colega gastándole una broma. Cuando por fin entiende que no, y tras el shock inicial, empieza a discutir con el agente en cuestión, que finalmente transige y le dice que haga su proyección pero que no permita que la prensa la vea. "El tipo me hablaba exactamente igual que el agente de la serie Entourage así que yo estaba convencido de que alguien me estaba tomando el pelo. La realidad es que esos tipos hablan así en el mundo real" me cuenta Erik.

Tres días después, él y sus compañeros aterrizan en Cannes con todas las dudas que les ha provocado la llamada del agente. Y la noche antes del estreno, en ese apartamento miserable en el que tres cineastas y una novia entregada roncan juntos en un cuarto soñando con el día después, cinco tipos irrumpen por sorpresa y se lo llevan todo: ordenadores, pasaportes, dinero... todo. Hasta la copia de la película. Pero al menos ocurre un pequeño milagro, o así lo cuentan ellos: a los ladrones se les ha caído la película en la acera mientras huían, y la policía se la encuentra en el suelo cuando acude a la casa tras la denuncia. (el relato en primera persona de esta historia y del cómo se hizo la película no tiene desperdicio)

 

Enarbolando la mejor sonrisa que uno puede poner tras una noche como esa, acuden al estreno. Suele ser un milagro que la prensa asista a una proyección de un cineasta anónimo y sin productora que no participa en el festival, pero hay medios como Variety que también envían periodistas a buscar pequeñas joyas al mercado. Una hora antes de su estreno, Erik se encuentra en la puerta de su sala precisamente con un periodista de esa biblia del cine, y mientras se le retuercen las tripas, le dice que no puede entrar. El periodista discute: le han hablado muy bien del filme y quiere verlo. Mientras, en la cabeza de Erik, esa voz: yo seré tu agente, yo te haré grande, no dejes que la prensa escriba sobre tu película. 

Finalmente acuerdan que si al periodista no le gusta la película, se irá en mitad de la proyección y que si se queda hasta el final, no escribirá en Variety sobre ella hasta que Erik le dé permiso. Ocurre el milagro, el periodista felicita al director al terminar la proyección y le dice lamentar mucho no poder publicar la crítica. Pero William Morris, Entourage, las promesas, los sueños de grandeza de todo cineasta y todos los mitos de Hollywood pueden más que el poder potencial de la pluma de Variety (a veces una buena crítica es la puerta para un contrato de distribución).

Pasan semanas de conversaciones telefónicas dirigidas a que la película entre en la selección oficial de Toronto: sí, a los festivales grandes y poderosos se llega sobre todo por contactos (productores, agentes, actores, distribuidoras), ocurre pocas veces el milagro de que una película sea seleccionada simplemente porque le ha gustado a un programador. (lo he escuchado como periodista y lo he vivido como cineasta).

Erik, mientras, tiene dudas: "esta película es demasiado indie para Toronto, con tus contactos deberías intentar un festival diferente". El tipo de William Morris insiste. Y se estrella: Toronto dice que la película... es demasiado indie para ellos. A partir de ese momento ya no se pone al teléfono. El que responde a las llamadas de Erik es su asistente. La cosa pierde fuelle. El sueño se evapora. El agente, al que nunca llegó a conocer personalmente, se volatiliza.

Y Erik se vuelve a quedar solo. Un momento: igual Variety aún le puede dar un empujón. Erik llama al periodista: ya no trabaja para Variety, ahora está en el Hollywood Reporter y no puede escribir de algo que vio mientras trabajaba para otro medio. :(



El camino ha sido arduo pero dos años después A hundred years of evil ha conseguido una buena distribuidora, FilmBuff, ha pasado por varios festivales y se ha llevado algún que otro premio. Hoy Erik está ultimando los preparativos para el gran fiestorro en Brooklyn donde celebrará, al más puro estilo indie, el estreno neoyorquino de una película que filmó precisamente en ese barrio con la ayuda de más de 100 personas. No es Cannes, pero esta vez no estará solo y cuando sabes que la fama puede llamar a tu puerta, rozarte y desaparecer de forma caprichosa, me imagino que te replanteas muchas cosas. Hay miles de cineastas con talento como él que aún no han llegado a lo que la industria considera la cima. Pero la industria está llena de pequeños grandes cineastas. Y la cima, también tiene su cara B. Hoy en Brooklyn habrá una gran fiesta. Según cómo se mire, nada que envidiarle a las de Cannes. 

May 7, 2012

SORPRESAS EN CHELSEA


Allen Gingsberg y su familia por Avedon. (la foto pertenece a la Richard Avedon Foundation)

No me gusta escribir sobre la Galería Gagosian. Es lo más parecido al hotel Hilton de las galerías: con doce locales en nueve ciudades diferentes y con artistas en su catálogo con categoría de celebridad como Pablo Picasso o Damien Hirst, esta especie de franquicia del arte para multimillonarios me suele interesar poco puesto que todo en ella es bastante previsible, como ocurre con todo lo que se vuelve parte del 'establishment'. Eso no significa que no haya que entrar en sus locales: renegar de lo que en principio no nos interesa es poco inteligente. Siempre debería haber espacio para dejarse sorprender.



Los siete de Chicago en Gagosian. (la foto pertenece a la Richard Avedon Foundation)

Por eso hoy no puedo evitar escribir sobre un artista famoso en una galería ultra-famosa: Richard Avedon en la sede de Gagosian de la calle 21, en Nueva York. Titulada Murales y Retratos, es de lo mejor que he visto durante un fin de semana cargado de arte. Nueva York puede ahogarte con su oferta: el viernes y sábado se inauguraban las ferias Frieze y Pulse, (con escasa presencia española, a excepción de Nieves Fernandez, que mostraba entre otras, obras del español Jordi Alcaraz, que inauguraba el viernes su propia individual en el Lower East Side). Además en Chelsea coincidían la inauguración de Shepard Fairey (escoltado por unos tipos de seguridad modelo rapero multimillonario -por cierto, nos confirmó que NO hará un cartel para Obama este año, "que le apoye otra gente", insistió, aunque sí dijo que le votaría -qué remedio, añado yo-), la de Francesco Clemente (con toda la intelligentsia neoyorquina del arte pavoneándose entre sus cuadros), la de Tauba Auerbach, (una de las jóvenes por las que se han peleado los mejores galeristas de Nueva York tras el cierre de su galería mentora, Deitch Projects y que convocó a cientos de personas en Paula Cooper) y la de Richard Avedon, entre otras.

Mission Council en Gagosian. (la foto pertenece a la Richard Avedon Foundation)

El fotógrafo al que se venera sobre todo por haber revolucionado la fotografía de moda, era ante todo un maestro del retrato. Firme opositor a la guerra de Vietnam, a finales de los sesenta quiso plasmar las transformaciones sociales y políticas de su tiempo y se embarcó en hacer cuatro grandes fotos grupales que solo se habían mostrado una vez (en Marlborough en 1975) y que son las que ahora se exhiben en Gagosian: Allen Gingsberg y su familia, Andy Warhol y los miembros de la Factory, los llamados Siete de Chicago (activistas políticos acusados de provocar las revueltas estudiantiles durante la Convención Demócrata del 68) y el Mission Council, (los políticos y militares estadounidenses al mando en Saigón durante la guerra de Vietnam). No sólo la elección de esos cuatro grupos es increíblemente certera: los cuatro retratos, de hasta diez metros de largo y tres de alto, impactan de forma extraordinaria cuando uno entra en la galería, que ha cuidado al detalle el montaje, y permite que los cuatro puedan verse al mismo tiempo desde el centro del local, pero que te aisles con ellos cuando te acercas.

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       Video tomado desde el centro de la galería Gagosian.

Además los retratos están aliñados con otras fotografías más pequeñas que completan conceptualmente esas escenas. Por ejemplo, Allen Gingsberg, retratado junto a su familia, (judíos neoyorquinos de clase alta tomando el té), aparece en otra serie de fotos completamente desnudo junto a su pareja, Peter Orlovsky.  Junto al Mission Council, bajo una luz casi de interrogatorio, hay una serie de retratos durísimos de víctimas de la guerra de Vietnam...

Las páginas de moda le dieron la fama pero como demuestran estas imágenes, Avedon miraba y veía mucho más allá de esas páginas.  Y por una vez, le tengo que dar las gracias por recordármelo a ese inquietante, escurridizo y poderoso personaje llamado Larry Gagosian.

May 1, 2012

HORIZONTES FRACASADOS

En los últimos días la prensa mundial se ha llenado de artículos anodinos sobre el nuevo rascacielos más alto de Nueva York: la Torre 1 del World Trade Center, conocida hasta hace poco como Torre de la Libertad. Y cuánto más leo más echo en falta un poco de reflexión crítica y más me sobra la poesía con la que se ha tratado de adornar la noticia. Que si una viga estrella aquí, que si unos metros más alto que el Empire State allá, que si el WTC vuelve a brillar, que si el aniversario de la muerte de Bin Laden... ¿De verdad esto es el corazón de la noticia?

Después de los atentados terroristas del 11S, más allá de la discusión política, en el mundo de la arquitectura y el urbanismo se vivieron intensos debates respecto a qué hacer con un espacio que de repente, en medio de la ciudad, se había quedado vacío, como un papel en blanco cargado de simbolismo sobre el que poder dibujar con un lápiz nuevo. Se podía haber utilizado el mejor papel, la mejor tinta, los mejores artistas, quizás incluso el corazón... Pero no ocurrió. Había incluso muchos millones disponibles para hacerlo. Pero faltó voluntad. Lo importante para Silverstein, arrendatario de los terrenos sobre los que se erigían las Torres Gemelas, era forrarse metiendo miles de oficinas en la zona cero y un shopping mall. Tampoco se le puede culpar: es empresario y los empresarios quieren que sus negocios sean rentables. Pero la ciudad y sus alcaldes podrían haberse puesto del lado de los ciudadanos al menos esta vez y hacer del sur de Manhattan un lugar mejor que el que había antes, pero tampoco ocurrió: Michael Bloomberg gestiona Nueva York como una gran empresa y en las grandes empresas, como evidencian las crisis, los individuos no cuentan, solo cuentan los números, y en este caso además, la política. Ya lo dijo clarito su predecesor, Rudy Giuliani en pleno frenesí patriótico el 12 de septiembre de 2001: "Reconstruiremos. Saldremos de aquí más fuertes que antes, política y económicamente más fuertes. Y el skyline volverá a ser el skyline". Convertir aquel espacio en un parque o construir edificios a escala humana y no fálica, con cierto civismo urbanístico y criterios no mercantilistas, no entró en los planes. 

Durante una década he escrito apasionadamente sobre las disputas culebrónicas que agitaban el cocktail emocional, político y económico que nació allí el día en que cayeron las Torres Gemelas. Se ha tardado un tiempo inaudito para Nueva York, once años, en conseguir que la zona cero empiece por fin a tomar forma, - el Empire State tardó apenas 410 días en alzarse en plena depresión económica- y precisamente la silueta que todos los neoyorquinos veremos de ahora en adelante cuando miremos hacia el sur de la ciudad es probablemente la más ofensiva posible: un rascacielos mastodóntico, sin personalidad, de dudosa calidad arquitectónica (basta mirar las  estupendas construcciones que han florecido en NY en la última década para saber que ésta vale muy poco) y en mi opinión, sencillamente feo. Lo peor es nos obligará a recordar, cada vez que miremos el nuevo skyline, la oportunidad que Nueva York perdió para hacer de su ciudad un lugar mejor tras los atentados y por extensión, la que perdió Estados Unidos cuando tuvo que decidir cómo responder a los ataques.

Del edificio original llamado Torre de la Libertad e incluido en el concurso que ganó el arquitecto Daniel Libeskind en 2002 para remodelar la zona cero, no queda nada. Ni siquiera las palabras de rabia con las que el propio Libeskind se opuso a las reestructuraciones que le impuso Silverstein a través de los arquitectos de la firma SOM para exprimirle más oficinas al proyecto. El pobre Libeskind ahora solo puede agachar la cabeza y darse con un canto en los dientes porque el edificio llevará para siempre su firma, aunque se parezca bien poco al que él ideó. Y del proyecto original, que nunca fue excesivamente aplaudido pero era mejor que el que ahora emerge en el horizonte, dicen los críticos, queda bien poco ya que Daniel Childs, de SOM, arquitecto amigo de Silverstein, se encargó de vulgarizarlo para que rentara más.

Lo peor es que todo el proyecto es además un fracaso económico: más allá de que se les haya disparado el presupuesto y ya vaya por los 16.000 millones de dólares gastados cuando aún queda la mitad del área por construir y falta el dinero para continuarlo, nadie quiere ser inquilino de la zona cero. Alquilar esas oficinas debe ser como un sudoku para agentes inmobiliarios. Condé Nast se mudará a la Torre de la Libertad en 2014 porque ha negociado un jugoso contrato de alquiler a precios sensiblemente más bajos que los de mercado (el sobre coste lo asumirá basicamente el ayuntamiento con la esperanza de que su presencia atraiga a otras firmas) y gran parte del edificio además será alquilado por el gobierno local y federal (para realquilarlo después) con tal de hacer buena publicidad de los 200.000 metros cuadrados de oficinas construidas sobre un cementerio llamado Torre de la Libertad. ¿El rascacielos más alto de la ciudad? Yes. Pero sin contexto, las noticias sólo lo son a medias. 

Apr 29, 2012

VIDAS SIN FICCIÓN

Hay películas que se te agarran a las entrañas y te las siguen mordiendo mientras ves pasar los títulos de crédito, se encienden las luces del cine y regresas en silencio a casa. Ojalá hubiera más pero como son pocas, sus nombres se te clavan en la memoria: Una noche, de la británica Lucy Mulloy, ganadora del Festival de Cine de Tribeca y tan sutil, sensible y demoledora que a la ficción no le ha bastado el celuloide y ha dado el salto hacia el mundo real, aunque afortunadamente con un final distinto al que Mulloy se imaginó.

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Vayamos por partes: todo comienza con una trama sencilla pero en el contexto infinitamente complejo de un país, Cuba, al que pocas veces he visto retratar en el cine actual con una mezcla equilibrada de realismo, dolor y belleza y con un resultado tan conmovedor como desgarrador y encima evitando el pecado capital de gran parte del cine hecho por no cubanos sobre Cuba: politiqueos baratos.

La historia atrapa desde el principio porque es universal: un triángulo amoroso entre adolescentes que podría ocurrir en cualquier parte de la geografía pero al ocurrir en Cuba tiene sus propias particularidades. Dos hermanos mellizos –Elio y Lila- que se quieren con locura y a los que la aparición de un tercer personaje, Raúl, comienza a separar.  Los dos hermanos han crecido apoyándose el uno en el otro y disfrutando como pueden de lo que les ofrece su depauperado país. La aparición de Raúl, con una existencia mucho más complicada que la de ellos, -un padre que huyó a Miami y le abandonó, una madre enferma de sida- provoca un huracán emocional en sus vidas y una decisión arriesgada: huir en balsa hacia Miami. Amor, amistad, homosexualidad… La delicadeza con la que la directora toca todos esos sentimientos, que en el corazón adolescente son un torbellino y que juegan un papel clave en los motivos de cada uno de ellos para subirse a la balsa, es espectacular. Y más aún en el contexto de esa Cuba agonizante que el director de fotografía (puro talento) retrata en tono documental, con la poética triste que da la realidad, sin cursiladas y que la directora salpica con descripciones verbales sencillas, en las que evita el juicio de valor y donde se limita a contar hechos conocidos por todo el que haya vivido en Cuba.  ("En Cuba hay de todo, sólo tienes que saber encontrar a la persona justa"...)

Voy a seguir destrozando la trama (sorry) para que se pueda entender mejor la ironía del salto que ha dado la ficción a la realidad. Elio, Lila y Raúl se embarcan pero nunca llegan a Miami. A Elio se lo comen los tiburones y a Lila y a Raúl la corriente los devuelve a Cuba.

Ni Javier Nuñez Florián (Elio) ni Anailín de la Rua de la Torre (Lila) ni Daniel Arrechaga (Raúl) eran actores profesionales. Mulloy los encontró en las calles de La Habana cuando tenían 15 años –ahora tienen 20- y no han hecho ninguna otra película. Durante el rodaje Anailín y Javier, que interpretan a los hermanos, se enamoraron. Y hoy aún siguen juntos.

Fast forward tres años, los que ha tardado Lucy Mulloy en estrenar su película, más los dos de complicado rodaje (la dura vida del cineasta underground…). El filme estuvo primero en el Festival de Cine de Berlín. Los tres protagonistas viajaron a esa ciudad en febrero para el estreno, pasaron allí seis días y después regresaron a La Habana. Parece que Angela Merkel y su euro/imperio les dejó fríos. Pero Estados Unidos tiene buena prensa entre cubanos. Y una alfombra de oro para todo aquel que decida dejar Cuba, cosa que no ocurre ni en otros países ni para otros inmigrantes. Así que Anailín y Javier han decidido cambiar el final de su propia película y no dejarse devorar por los tiburones. Ella vendía artesanía y él trabajaba de pizzero. Invitados por el Festival de Tribeca, volaron hasta Miami y ahí se quedaron. No llegaron al estreno en Nueva York, donde les esperaba Arrechaga y Mulloy y nadie supo nada de ellos hasta el viernes, cuando aparecieron en un canal hispano de Miami confesando su intención de pedir asilo político. Su directora les desea buena suerte y dice estar en shock. A mí su película se me agarró a las entrañas. A ellos se les agarró a la vida. 

Apr 2, 2012

Damien Hirst o el Apocalipsis del Arte


Merchandising de Damien Hirst en la Tate Modern de Londres.

No tengo muy claro qué esperar de un siglo que ha convertido en imprescindibles las palabras 'cool' y 'glamour', el iphone y al artista Damien Hirst. Me lo pregunto desde las entrañas de un lugar decididamente cool, la Tate Modern de Londres, mientras tomo fotos (con un iphone) de las obras del artista más rico del mundo, Damien Hirst, cuyo auténtico talento es haber creado la simbiosis perfecta entre arte cool y glamuroso, que utilizó para conquistar en los noventa los corazones de los comisarios y casi a la vez, los bolsillos de los coleccionistas - su obra For the love of God (2007) creo que es el epítome de ese concepto- .


Puede haber algo más cool que un monopatín de puntos Hirst de solo 770 dólares?

Estoy en Londres y el destino ha querido que me vuelva a tropezar con este tipo decididamente inteligente que tras acertar organizando en 1988 la exposición Freeze, con la que se inauguró aquel movimiento después bautizado como Brit Art o Young British Artists o YBA's, metió tiburones en formol a golpe de talonario de Saatchi, montó un restaurante llamado Pharmacy junto al rey de las relaciones públicas Matthew Freud y luego pudo reírse del mundo subastando la decoración en Sotheby's por más de once millones de libras (algunas de las piezas de aquel garito, que acabó muriendo de éxito, también pueden verse en la recién inaugurada exposición British Design del museo Victoria and Albert).

Hirst y sus puntos en Gagosian Gallery en Nueva York en enero.

Hace dos meses Hirst pasó por Nueva York: consiguió que doce sedes internacionales de la galería Gagosian mostraran al mismo tiempo sus cuadros de puntos de colores -en la jerga Hirst se llaman Spot Paintings-. No voy a juzgar a quienes decidieron recorrer el planeta sellando unos carnés de fans con los que demostraban haber pasado por todas las galerías: si al menos incita a viajar, bienvenido sea el artista más rico (y sobrevalorado) del mundo.


Un 'sencillo' juego de platos con 'diseños hirst' de apenas 17,000 dólares. Apropiado para bolsillos en crisis.

Crematorium: cenicero gigante con colillas. No se vende, es parte de la exposición.

Lo que ya no tengo tan claro es por qué una institución como la Tate Modern de Londres decide que Damien Hirst sea su estrella cultural de cara a la Olimpiada Cultural que se han inventado en la ciudad para apoyar los Juegos Olímpicos 2012. ¿De verdad seguimos colgados de la exposición 'blockbuster'? Cabe preguntarse ¿no es cultura suficiente el deporte en año olímpico? Y también me pregunto, ¿Por qué esta exposición la financia el Qatar Museums Authority??????

Unos rollos de papel para forrar paredes con 'diseños hirst' de apenas 400 dólares. Prácticos, a la par que cool y glamurosos.

Paseándome por la retrospectiva que se inaugura el 4 de abril y que podrá verse hasta septiembre (la crisis se deja notar en la interminable duración de las exposiciones a escala internacional) me llaman la atención dos cosas: el olor a colilla y el precio del merchandising. Lo del aroma es lógico ya que además de tener cientos de colillas expuestas en vitrinas con títulos tan existenciales como Dead Ends Died Out, Examined también hay un cenicero gigante (me recuerda demasiado a Claes Oldenburg) con miles de ellas titulado Crematorium. Son parte de su propia historia del arte: la retrospectiva la forman setenta obras concebidas (que no creadas ya que incluso él ha confesado que solo ha pintado tres de sus famosos cuadros Spot Paintings) por Hirst entre 1986 y 2011, incluidos sus famosos bichos en formol y aquella instalación llamada In and Out of Love de 1991 que vuelve a reproducirse aquí, con sus mariposas vivas planeando agresivamente sobre el visitante.

Múltiple de calavera. Edición de 50. Precio 59,000 dólares.

Pero lo más significativo de esta exposición se esconde en la tienda que cierra la muestra. Allí conviven dos tipos de objetos: los que vende la Tate Modern y los que vende directamente Damien Hirst a través de su empresa Other Criteria. El museo se contiene: hay posters a 11 dólares, una 'taza anamórfica y plato por 20 dólares, un paraguas hirst por 64 dólares o catálogos por 56 dólares. Son objetos comunes que suelen encontrarse en todas las tiendas clónicas que alimentan los presupuestos de los museos y que se asemejan a un bazar. Hirst, en cambio, utiliza la tienda de la Tate Modern (previo acuerdo comercial) como un verdadero supermercado del arte: ofrece objetos tan asequibles como Hallucinatory Head, una calavera de colores de 59.000 dólares, Charm Bracelet, una pulsera de plata de 17.600 o una cutre-silla de jardín con estampado-de-mariposa-hirst por 500 dólares. También hay un set de diez platos de porcelana china por 17.000 dólares, 100 metros de papel para forrar paredes por 400 dólares, o unos gemelos-píldora también por 400. Sin duda arte en estado puro ¿no?

Los gemelos-píldora. Ideales para una fiesta cool.

Yo recomendaría al visitante que al menos comprara una postal (de las que vende la Tate, no Hirst): las malas lenguas auguran que tras esta exposición la fiebre Hirst bajará a temperaturas siberianas. Y siempre es bonito tener un recuerdo de un momento único en la historia: la caída de un mito. Eso, diría el propio Hirst, también es arte. Y el arte, yo me sigo preguntando ¿qué es?

Mar 20, 2012

EL EFECTO DAISEY, FALSO PERIODISMO Y UNA DISCULPA A MIS LECTORES

Hace un par de meses le dediqué un post al dramaturgo Mike Daisey y a su obra de teatro 'The Agony and ecstasy of Steve Jobs'. La descubrí a través del programa de radio This American Life, donde además de reproducir un fragmento de una obra que en esos momentos podía verse en Nueva York - también fui a verla- entrevistaban a su autor y a varios periodistas que han escrito sobre las condiciones laborales en China. En su monólogo Daisey mezcla su admiración por los productos Apple con su desencanto y su disgusto al descubrir tras un viaje a China, las condiciones laborales de los miles de trabajadores de las cadenas de montaje de Foxconn, uno de los principales proveedores no solo de Apple sino de la mayoría de las empresas de electrónica occidentales.

El monólogo, tal y como lo presentaba This American Life y tal y como Daisey lo introducía en el teatro, estaba íntegramente basado en hechos reales: su experiencia e impresiones tras visitar la mencionada fábrica y muchas otras. El resultado era una poderosa denuncia contra Apple que obligaba al espectador y al oyente a hacerse muchas preguntas respecto al coste real de todos nuestros juguetes electrónicos y respecto a las políticas de doble rasero de nuestras democracias.

Pues bien, la semana pasada This American Life le dedicó un programa completo a desmentir muchas de las afirmaciones que Daisey hizo en su programa. Se trata de un ejercicio de periodismo con el que España solo puede soñar, entre otras cosas porque está basado en lo que se llama 'fact-checking', la labor de control que los medios realmente serios ejercen sobre todo lo que emiten/publican, un concepto que sólo existe en los países anglosajones: antes de que un artículo llegue al público todo lo que el periodista escribe es cotejado punto por punto por un 'fact checker', y si hay algo que pone en duda la veracidad del artículo/programa, éste no se publica. En España esa figura no existe.

This American Life hace un ejercicio de mea culpa admirable al admitir que cuando trataron de localizar a la intérprete que acompañó a Daisey durante su estancia en China, (la única que podría confirmar la veracidad de su historia) éste les dijo que su teléfono ya no funcionaba y ellos, sin hacer ningún esfuerzo por encontrarla de otra manera, decidieron seguir adelante con el programa: "En ese momento tendríamos que haberlo cancelado" admite Ira Glass, su director. Sin embargo no lo hicieron. Y precisamente aquel programa se convirtió en el mayor éxito de su historia, con casi un millón de bajadas de internet. Pero otro periodista, el corresponsal en China de Marketplace, tras escuchar This American Life, sí la buscó, la encontró, y descubrió que muchas de las cosas que Daisey había contado eran basicamente exageraciones, licencias poéticas para hacer más dramática su historia y alguna que otra mentira concreta.

La emisión del primer programa, que titularon Mr Daisey and the Apple factory coincidió con la publicación en The New York Times, pocos días después, de una serie dedicada a Apple y en la que también se hablaba de sus dudosas prácticas laborales. Eso contribuyó a que Daisey se convirtiera, durante semanas, en el hombre de moda en televisiones, radios, diarios y revistas. Su monólogo, que colgó online en su web en febrero para que fuera usado libremente por otros dramaturgos, se lo bajaron 50.000 personas en menos de 24 horas.

Dejo aquí el pdf del programa de rectificación, que apropiadamente se bautizó Retraction y el link para que lo escuchéis. En él hay un concienzudo análisis de todos los hechos y una inmejorable entrevista con el propio Daisey, que explica sus razones para presentar medias verdades como si fueran hechos verídicos, como en su día hizo James Frey, el escritor que tras publicar Million little pieces, unas exitosas memorias sobre su supuesto pasado yonqui, admitió que en realidad se las había inventado, provocando un auténtico huracán en el mundo editorial. El efecto Daisey en el mundo de la prensa estadounidense ha sido muy similar. Hace cuatro días que no se habla de otra cosa.

Yo por mi parte solo puedo pedir disculpas por escribir sobre algo que ha resultado no ser cierto y que, como periodista, me obliga a reflexionar sobre lo que escribo: publicar artículos sobre lo que otros dicen o escriben conlleva graves riesgos. Y cuando comencé este blog me propuse precisamente escribir sólo de lo que conocía de primera mano. Es cierto que además de escuchar el programa de radio, vi la obra de Daisey y él presentaba los hechos como algo real y vivido en primera persona. This American Life es uno de los pocos sellos de garantía que aún quedan en el periodismo y por eso no dudé. También lo era The New York Times, y tuvo a un tipo firmando artículos inventados durante tres años. Por eso, la fuerte polémica creada a raíz de la rectificación de This American Life también me obliga, como periodista, a hacer examen de conciencia. El fin justifica los medios, dice, con otras palabras, Daisey. Si la prensa también lo dijera, sería el fin de nuestra profesión.

Feb 16, 2012

TALIBANES DE OCCIDENTE Y BURKAS JUDÍAS EN WILLIAMSBURG



Esta foto la tomé recientemente en un avión con destino a Nueva York. No se trataba de la peluca de alguna chica moderna cuidando de su arma secreta de cara a lucirla en la Semana de la Moda. La propietaria era una mujer de religión judío-ortodoxa.

Antes de vivir en la ciudad de los rascacielos yo no tenía ni idea de cómo vivían las mujeres de esa religión. Sí sabía cómo vivían millones de mujeres en Afganistán o en otros paises radicalmente musulmanes, burka incluida. La prensa lo denunciaba a menudo, sobre todo en las semanas que precedieron y siguieron a la invasión de Afganistán. Había que justificar la guerra y las mujeres eran una estupenda excusa para añadir a la otra tonelada de excusas con las que movilizar el aparato militar estadounidense. (diez años después de la invasión su vida apenas ha cambiado).

En esa época, año 2000- 2001, yo vivía en el barrio de Williamsburg, en Brooklyn, que antes de ser completamente invadido por jóvenes de diseño contaba (y aún cuenta) con una gran comunidad de judíos hasídicos, una rama ultra ortodoxa de la ortodoxia judía.

Esto es el pdf de un reportaje sobre el barrio que publiqué
en el difunto Tentaciones de El Pais en el año 2000.

Solía ir a nadar a la piscina del barrio, donde un día descubrí con pasmo y horror una larga fila de pelucas en los vestuarios. Había ido en el horario 'sólo mujeres', que es el que aprovechan las judías ortodoxas para hacer ejercicio lejos de las miradas masculinas, algo que tienen estríctamente prohibido por su religión, que no les deja mostrar carne. Por eso en verano, a cuarenta grados a la sombra, se las puede ver sudando como pollos mientras cruzan el puente de Williamsburg con medias y manga larga y por eso en la piscina no utilizan bañador, van cubiertas con camisetas largas o sotanas que les llegan hasta las rodillas. Que alguien me diga que eso no es tortura. (mirarlas lo era)

Y a menos que estén solteras (las casan en la adolescencia), todas llevan la cabeza rapada y viven con una peluca en lo alto, porque así lo dicen las sagradas escrituras (según su interpretación). Es un símbolo de modestia. Igual que las mujeres musulmanas tienen que cubrirse la cabeza con un velo, las ortodoxas, después de casarse, tienen que llevar peluca puesto que "un pelo de una mujer puede desviar al hombre de su camino", vienen a decir más o menos ambas religiones.

Foto borrowed from Fancy Magazine.

Curiosamente occidente pone el grito en el cielo ante el velo musulmán, lo convierte en un conflicto de estado (Francia) y escribe en contra, cuando, al menos esas mujeres, pueden llegar a casa, quitarse el velo y lucir melena frente a sus maridos o familiares, además de trabajar y relacionarse con el resto del planeta. Las hasídicas están obligadas a relacionarse unicamente con la gente de su comunidad - mis intentos de hablar con ellas en la piscina siempre fueron infructuosos-. Una vez casadas, dejan de tener derecho a ser bellas, las rapan, les plantan la peluca y esa ropa años treinta post-crash económico (la modestia, otra vez), las ponen a criar niños como conejas - basta darse una vuelta por el sur de Williamsburg para comprobarlo- y adiós a la vida como ser humano con derecho a elegir.

foto del flickr de Lindsaypunk

Pero sus maridos, en lugar de pegar tiros contra occidente, como los talibanes afganos, son parte integral de occidente: la mayoría de esos edificios en los que hoy residen los hipsters de Williamsburg son propiedad de judíos ortodoxos, millonarios que contribuyen sustancialmente a la causa israelí, enviando a ese país gran parte de sus beneficios. Nuestro casero de entonces en The Family Productions era uno de ellos y te lo contaba tranquilamente.

Recuerdo un bar muy divertido que había al lado de mi casa, Boogaaloo, en una calle donde aún se mezclaban latinos, judíos, blancos y negros y donde a veces pegaban algún tiro. Y uno de esos judíos hasídicos con rizos y gafas de culo de vaso (no tengo exactamente claro por qué la mayoría de ellos son desmesuradamente miopes desde la infancia) a veces entraba en el Boogaaloo, solo, se sentaba en la barra, bebía y miraba. Era una rareza ya que es una comunidad que no se mezcla con el resto y por supuesto los bares son lugares satánicos a los que no se acude. Obviamente sus incursiones eran clandestinas: debía ser un tipo con curiosidad y ganas de saber qué había en el mundo exterior. Pero si hubiera decidido entrar de lleno en ese mundo, habría tenido que renunciar a su familia, a sus amistades, a su trabajo y vivir en Nueva York como un recién nacido, solo. Los ortodoxos no perdonan el 'abandono'.

Me he encontrado con esta historia sobre una mujer hasídica disidente en la revista New York Magazine pocos días después de sacar la foto de la peluca. Creo que merece la pena leerla y preguntarse por nuestro doble rasero para mirar hacia determinadas injusticias.

Vista del puente de Williamsburg, separación entre dos mundos.

Feb 11, 2012

ARTE Y MODA, ESE EXTRAÑO MATRIMONIO


Obra de Ouattara Watts. Foto: Billy Farrell agency.

El día en que Jean-Michel Basquiat murió de sobredosis, su amigo el pintor Ouattara Watts le esperaba en el aeropuerto con un billete de avión. Hacía semanas que preparaban un viaje juntos a Costa de Marfil. Watts había exhortado a Basquiat a dar el paso definitivo, desengancharse de la heroína, y como hacen los buenos amigos, le había ofrecido ayuda, en este caso su casa, a muchos kilómetros de Nueva York, en el continente que abandonó de adolescente para abrirse camino en París. Pero Basquiat nunca llegó a tomar ese avión, el caballo fue más rápido y se lo llevó en volandas con 27 años, la edad maldita.

Ouattara Watts. Foto: Billy Farrell Agency.

Watts tenía entonces 30 años. Era un pintor recién llegado a Nueva York al que Basquiat había conocido unos años antes en París y con el que entabló una fuerte amistad. ¿Cuántas historias hay así, de amigos que se ayudan a dar grandes o pequeños pasos en la vida? "Vente a Nueva York, yo te apoyaré" le dijo Basquiat. Ouattara lo hizo y consiguió su primera exposición en la ciudad precisamente en Vrej Baghoomian, una de las galerías que por aquel entonces se rifaban a Basquiat y que según cuenta la leyenda, le abrió las puertas a Ouattara precisamente a petición del pintor neoyorquino.

Camareros listos para la inauguración de Ouattara Watts.
(Ver para creer). Foto: Billy Farrell Agency.

Por aquel entonces Basquiat era ya una celebridad en lucha por no ser fagocitada por su éxito y sus inauguraciones atraían a toda la comunidad artística neoyorquina, en la que se mezclaban, de forma natural, personajes célebres y no tan célebres de todos los sectores de la música, el cine, la moda y las artes plásticas. Aún no existía la tiranía de las empresas de relaciones públicas, que ya comenzaban a emerger pero aún carecían del poder absoluto que hoy tienen. Digamos que la vida fluía con más naturalidad, entre otras cosas porque el mundo del famoseo aún no se había convertido en el desmesurado negocio comercial que es hoy. (Para entendernos, en la puerta aún no había tres macizas en minifalda con una lista para controlar el acceso a las inauguraciones).

Dos obras de Ouattara Watts. Foto: Billy Farrell Agency.

A finales de los ochenta el mundo de la moda y el del arte mantenían buenas relaciones -Warhol ayudó mucho- pero aún no se habían convertido en matrimonio. Hoy en cambio, el intercambio de anillos entre ambos sectores produce eventos como los que estos días, con motivo de la Semana de la Moda, inundan Nueva York y que a mi me desconciertan: exposiciones con un millar de invitados que no tienen ni idea de quien es el artista que inaugura pero que acuden a ver y dejarse ver como el que va a un club de moda porque así lo dice el guión de la socialización (o el negocio).

Inauguración de Vertigo, de Ouattara Watts, el pasado martes.
Foto Billy Farrell Agency.

El pasado martes Ouattara Watts, un artista al que conozco y aprecio desde hace años, se convirtió en el protagonista de uno de esos extraños eventos. La inauguración de su exposición Vértigo, organizada por el nuevo prototipo de galerista de moda, Vladimir Restoin Roitfeld, de 27 años, era el sitio en el que había que estar en Nueva York esa noche si eras alguien. Horas antes de la inauguración, en mi buzón ya había un email (de una gran agencia de relaciones públicas) con una lista de los 300 famosos que habían confirmado su asistencia a la exposición. Organizada en un espacio de los que se conocen como pop-up galleries (galerías temporales que ocupan durante una o dos semanas espacios industriales en ciudades como Nueva York, Londres o París) Vladimir Restoin Roitfeld, hijo de la poderosa ex directora de Vogue Francia Caterine Roitfeld, (y apadrinado por Mario Testino) obtenía así un golazo: convertir la inauguración de este artista reconocido por la crítica pero aún no célebre 'a lo Damien Hirst', en uno de los eventos estrella de la Semana de la Moda, que quedaba así oficialmente inaugurada.

Hacía tiempo que no veía tanta gente guapa junta, claro que tampoco soy muy adicta a los encuentros 'de moda'. En la sala se entraba -previa demostración de tu presencia en la lista- a través de un angosto pasillo oscuro que desembocaba en un loft gigantesco donde te encontrabas con una jauría humana de famosos y pseudofamosos, decenas de modelos rusas impresionantes con sus escotes envueltos en pieles y chicos elegantísimos e inexpresivamente guapos sorbiendo vino 'de a poquito' como para salir bien en la foto. La exclamación generalizada era "Vaya fiestón, póngame otra copa", nada de "Uf, qué bonito cuadro". "Ah pero... ¿esto es una inauguración?" escuché preguntar a un chico muy moderno.

Vladimir Restoin Roitfeld. Foto: Billy Farrell Agency

Con la ayuda de todos esos nombres de la moda alrededor de los que se crió, y con el músculo que da el poder contratar una agencia de relaciones públicas que te garantiza la atención mediática necesaria -y los invitados mediáticos apropiados- el joven Vladimir aspiraba así a que Ouattara se convirtiera en objeto de deseo (de coleccionistas). Que es, en última instancia, a lo que debería aspirar un galerista. Parece claro que las estrategias comerciales han cambiado, aunque no estoy aún segura de los resultados. Le preguntaré a Ouattara.

Él es un pintor con mucho talento pero eso no siempre basta para conseguir el reconocimiento profesional. El timing es fundamental. Estar en el sitio justo en el momento justo. Así conoció a Basquiat, que tanto le ayudó pero luego tuvo que seguir peleando duro por labrarse una carrera y creo que a sus 54 años su talento está probado.

No sé los detalles sobre cómo ha llegado a unirse al pequeño Roitfeld pero esa extraña inauguración, que en cierto modo parecía una versión actualizada a los tiempos (y a las listas) de las inauguraciones de Basquiat, también ofrecía, para quien quisiera mirar, la posibilidad de ver una quincena de grandes lienzos neo expresionistas con las últimas creaciones de Ouattara Watts. De momento aún pintor, no celebridad. (Puede verse hasta el 19 de febrero en el 560 de Washington St, NY).

Normalmente son precisamente quienes carecen de talento los que suelen beneficiarse de las modas y el dinero. Outtara Watts podría ser la excepción a la regla. "Mil invitados" decía un email que me llegó más tarde. Me pregunto cuántos recordarán hoy su nombre o sus obras. Pero apuesto a que alguno, en el fulgor de la glamurosa fiesta, proclamó que compraría un cuadro. De ahí al estrellato solo hay un paso. Basquiat no lo resistió. Apuesto a que su amigo, con la sabiduría que dan los años, se reirá de todo el proceso cuando sea viejo.

Jan 19, 2012

UN HOMBRE SOLO CONTRA STEVE JOBS


Hoy me han encargado escribir sobre la enésima presentación de un producto de Apple. Al contrario de la habitual publicidad encubierta sobre aparatos electrónicos que los periodistas nos empeñamos en convertir en noticia cuando en realidad no dejan de ser eso, objetos a los que les hacemos publicidad gratuita, esta vez Apple simplemente anunciaba una guerra velada: la que su marca le ha declarado al mundo editorial, en concreto al de los libros de educación. Ocurrió hace años también con las discográficas al nacer iTunes. Y como en aquella ocasión, todo apunta a que el ganador será la empresa de ese hombre ya fallecido al que en todas partes han calificado de genio sin pensárselo dos veces.


Claro que aunque Steve Jobs lo fuera en el área del diseño, el marketing y ante todo, los negocios, en el ámbito de la conciencia dejaba mucho que desear. Y un genio sin conciencia para mí pierde toda su genialidad, o al menos gran parte del respeto. Los chinos que fabrican ese iPad que hace temblar al mundo editorial lo saben bien. Lo extraño es que resulta muy difícil encontrar artículos relacionados con Apple sobre la explotación de chinos en sweatshops realizados 'in situ'. La prensa parece limitarse a repicar el informe anual que la empresa publica desde hace seis años (Apple existe desde 1977) y con el que se lava la conciencia dejando claro que investiga y castiga (los números en ese aspecto son bajísimos) las prácticas laborales ilegales de sus suministradores, empresas como Foxconn en las que se trabaja 12 horas al día sin cobrar horas extra, se despide a quienes se quejan,se permite el trabajo de menores etc.

Mike Daisey

El informe más reciente se publicó hace apenas una semana, y mi compañero de pupitre laboral Sandro Pozzi explicó muy bien sus detalles. Pero resulta que hay alguien que sin ser periodista ha explicado mejor que nadie lo que ocurre en esas fábricas porque ha estado allí y ha hablado con esos trabajadores y ahora está consiguiendo que las conciencias de quienes le escuchan tiemblen cada vez que oyen sonar su iPhone. Es Mike Daisey, un actor conocido en Nueva York por sus brillantes monólogos y cuya adicción a los productos de Apple le llevó a embarcarse en una búsqueda personal para entender realmente quién y cómo se hacen esos aparatos de los que él siempre ha sido un devoto.

Foto de Shutterstock.com

El resultado es un intenso monólogo que se podrá ver nuevamente durante todo febrero en el Public Theater de Nueva York titulado 'Agonía y Extasis de Steve Jobs'. Parte de ese trabajo, que relata su viaje a la ciudad de Shenzhen y su encuentro con los trabajadores que fabrican muchos de los 'ingredientes' que componen nuestros ordenadores, teléfonos y otros juguetes electrónicos, se puede escuchar en mi programa favorito de la radio estadounidense This American Life, que emitió hace diez días 'Mr Daisey and The Apple Factory'. Ahí también puede escucharse la voz del periodista Nicholas Kristoff, respetado en muchos foros y con años de experiencia en Asia, defendiendo los 'sweatshop'. No es el único, lo hacen muchos economistas o empresarios que consideran que a los chinos también les toca pasar por la edad media del derecho laboral en beneficio por supuesto de nuestras empresas, porque el efecto colateral es 'positivo': aunque les exploten via 'outsorcing' los chinos en esas fábricas ganan más que trabajando en el campo y eso significa que pueden consumir más, lo cual viene muy bien a la economía mundial, sobre todo ahora que en este lado del mapa consumimos poco por razones obvias.

Pero a Daisey le parece una elección moralmente incorrecta y despreciable (a mí también, pero confieso que escribo esto desde un ordenador Apple) y así se lo hace saber a su audiencia, que se ve obligada a hacerse muchas preguntas que todos nosotros deberíamos hacernos más a menudo. Su monólogo, irónico y brutal (y en el que tampoco salva a su antaño amado Steve Jobs) es una receta infalible contra esos ataques consumistas en los que tras cobrar una deuda o recibir un cheque te dices a ti mismo: creo que necesito un iPad. ¿Seguro?

Jan 9, 2012

What I saw... *part 1

This time in English

Everybody uses the end of the year to talk about the big picture. I'm mostly addicted to the small picture. Since I used the end of December to unplug myself from the world, I am using the beginning of 2012 to travel back through those 2011 images that left an impression on me for different reasons:

TV IS OVER
Last January, tired of enduring news anchors who don't give me any news and watching movies that don't deserve to be watched, I threw away my tv set. Then I went to visit the recently renewed Museum of Moving Image in New York and discovered those beautiful old tv machines. Looking at them made me even happier about my decision: in the XXI century there's no better place for a tv set than a museum. They belong there. Their time (and their content) is definitely over.

PLEASE, HAVE FEAR
Among the many shameful things that we New Yorkers had to cope with since the S11 attacks, I would rate the unwanted pledge 'dear politicians, threat us with fear please' as the top one. The continuous bombing of 'get/ready/for/catastrophe scenarios/' is unbearable. The 10th anniversary of the attacks underlined very strongly that sort of 'emotional pornography' that we have spent ten years enduring. (I wrote extensively about it in this blog). Lucky for us there is people working in that field that in their attempts to be 'creative' they achieve laughable results, such as the 'Preparedeness 101: zombie apocalypse', which I discovered when that very American fear called The Rapture was about to happen.

THE 'CONSUMER EXPERIENCE'
It's the line that has taken over our world. Everything is about the consumer experience. We aren't anything but consumers. 'The experience' is this new and engaging word attached to the act of spending money. It seems to erase all the bad connotations that 'consumer' could have for those who love 'experiences'. In fact, years ago you could go to an art fair such as The Armory Show, and be just 'an art lover', and look at art. This year I found this 'relevant' piece inside the fair. An ATM. Was it there as a piece of art? Not exactly. It worked. It gave me money. From my bank account. I paid a stupidly high amount to have a drink inside the fair, and I didn't enjoy 'the consumer experience' of expensive and awful wine. My fault, I guess because... since when an art fair was about the 'consumer experience'? Didn't it suppose to be about The Art? Try to google 'consumer experience'... It's getting even scarier.

OVERPOPULATION
Some people try to make a difference with their work. I met artist Carlo Sampietro two years ago when he started with his project The Street is in the House: it was about recycling news boxes and transforming them into new things such as an aquarium, a dishwasher, a wine fridge, a terrarium... Now he has a new project, Pop Dogs, a mobile installation that takes the traditional popcorn machine and replaces its edible content with plastic toy dogs as an expression of dog overpopulation in big cities. I saw how he struggled over the whole year to put this project together. Having quit the advertisement world to pursue very engaging art proposals that make his soul happier, I believe he deserves some attention.

WIG CITY
Bourbon, horses and... wigs!! That is what I found in Louisville. I went there to cover the Humana Theatre Festival and my first walk around the city brought me to 4th street. Nobody was able to explain to me why there are so many wig stores in one single street. Some people didn't even know about those stores. I was in awe, the paradise of the wig lover and nobody knew why? Then somebody dared to suggest: "Black women in this city love wigs". And I understood: almost everybody at the festival was white. The cultural racial gap. Such an American curse.

BROKEN DREAMS AND EMPTY WALLETS
The New York view across the UN wouldn't be the same without this familiar Pepsi sign. Behind it, I saw those buildings in construction last winter. They remind me of my country, Spain, where the booming construction industry felt apart three years ago leaving behind a wrecked land of broken dreams, empty wallets and dead construction sites. In the USA, 'paradise mortgage country' became 'subprime mortgage nightmare' and many cities such as Detroit or Las Vegas fell under its spell. Some neighborhoods in New York were hit hard by the mortgage crisis too, but in this city you cannot avoid the view of new skyscrapers reaching up. Gordon Gekko said it clear: 'money never sleeps'. Cranes neither, I would add. Crisis, in this city, is very relative. It depends on who you ask: those 20% of New Yorkers living under the poverty line *around 2 million people, or those 35000 who made more than 1 million a year.

More in the next post...

Jan 4, 2012

2012... here we go!

No sé si esta foto aspira a ser una metáfora del 2012 sobre la que gente muy sesuda como la que habla del fin del mundo y los mayas escribirá panfletos infumables o si se trata simplemente de una foto de mis pies descalzos en una playa de Costa Rica. Uno nunca sabe cómo se puede llegar a interpretar o tergiversar una imagen una vez que entra en el ciberespacio.

Lo que sí sé es que en el Nueva York al que acabo de regresar tendré cero posibilidades de volver a ver mis pies en ese mismo estado de felicidad. Dicho esto solo cabe preguntarse por qué. Digamos que lo normal es vivir en un sitio complicado, trabajar hasta que te duelan los ojos y la espalda durante meses y después viajar brevemente de vacaciones a un lugar sencillo, por lo general caluroso donde la vida, al menos en apariencia, resulta fácil. Pero en esos sitios también vive gente. Es decir, ellos 'viven en las vacaciones' aunque no estén de vacaciones. Y nosotros no. Tras constatar el hecho, surgen ruegos, dudas y preguntas. Y todo un año por delante para contestarlas. Yo, como el mundo, también estoy en crisis. Pero aspiro a seguir viendo mis pies sobre la arena. Feliz 2012!

Dec 4, 2011

SI PERDEMOS EL MIEDO...

Confieso que después de doce años fuera de España hay noticias locales que se me escapan. Por eso cuando el otro día recibí un email en el que un amigo contaba en primera persona su experiencia como parte de un piquete que el sindicato CNT le montó a Jose Luis Moreno (el de los muñecos) por no pagarle a sus empleados, me quedé muy sorprendida. Yo no tenía ni idea de que este señor tiene muy mala fama dentro de su profesión (el mundo del espectáculo), o al menos, eso me repetían con cara de '¿pero tú en qué mundo vives?' los amigos a los que les repetía lo que contaba Iván en aquel correo. Eso me hizo pensar que quizás haya más gente como yo que aún le recuerda ejerciendo de simpático ventriloquo y no conoce su lado oscuro. Además, como en estos días que he pasado en España todos me hablaban apesadumbrados del futuro y toda esa energía intensa que se respiraba durante el apogeo del 15-M parece haberse esfumado, le propuse a Iván reproducir aquí su email para que la gente escuche una historia de injusticia laboral que gracias a la acción ciudadana acabó felizmente. La versión de Jose Luis Moreno no la he buscado pero esto es mi blog y aquí trato de dar voz a quien no la tiene.
Esto es lo que vivió Iván y estas son sus palabras:



Crónica de una alegría, y no es poco en tiempos tan grises...

Ayer le hicimos un piquete a José Luis Moreno (para quien no le conozca, tiene fama de ser el mafioso mayor de las artes escénicas en estas tierras). No éramos más de diez, pero íbamos bien armados de pitos, megáfonos y un bebé con muchas ganas de jarana. Nos plantamos en unos platós que tiene el tipo en un remoto polígono industrial para intentar reventar la grabación de la gala de fin de año que en ese momento estaban preparando. ¿El motivo? Que tenemos unas compañeras técnicas del sindicato que no cobran desde junio, y de las excusas, talones sin fondos y fintas varias, en la productora han pasado a no coger el teléfono o directamente a amenazar con represalias si se sigue insistiendo en cobrar... son las artes de tan casposo tipejo.

A la puerta del estudio, no menos de cinco mercedes clónicos (por lo visto tiene metidos en el ajo a la hija, la hermana, el sobrino, cuñados, etc., y todos usan idéntico transporte). Hacemos ruido y nos divertimos un rato, se asoman algunos trabajadores pero ninguno se atreve a unirse, ¡y eso que llevan casi medio año sin cobrar!! Desde luego este mundo no tiene remedio... a tragar con lo que sea, no vaya a ser que no nos vuelvan a llamar... para currar por la cara.

El caso es que a algunos de ellos les entregaron esta semana unos pagarés, y al ir a cobrarlos la cajera del banco hizo un precioso origami con ellos y los colocó en su colección. Como dijo ayer un compañero, "la próxima vez que me llamen pa currar voy y les firmo un 'trabajaré'".

Pues bien, en mitad de la fiesta aparece un mercedes aún más grande y brillante, se baja el chófer a abrir la puerta y -¡oh sorpresa!- el mismísimo Moreno, gordo y seboso como Jabba el Hutt, ataviado con chándal rojo y reloj de oro, a lo Tony Soprano, empujando sus carnes pa dentro con una cara de susto que no olvidaré en la vida, mientras nos abalanzamos sobre él pidiendo autógrafos y lanzándole piropillos... Sin violencia, por supuesto, que en la CNT también nos hemos hecho posmodernos... ;-)

A los cinco minutos llaman a Cris (una de las compañeras que está sin cobrar, que dio la cara y alborotó como el que más) al móvil. Es la (otrora esquiva) administradora de la empresa, y le dice que ya mismo les pagan si desmontamos el piquete. Un ratito más tarde se presenta el director financiero con 4.000 pavos en un sobre y las nóminas recién impresas para firmar. ¿Que no tienen dinero? ¿No pueden vender sólo uno de los mercedes? ¿Quién ha estado viviendo "por encima de sus posibilidades"?

Además, maravillas del 15M, tanto la pareja de la guardia civil como la patrulla de la policía local que se pasaron por allí nos preguntaron por el motivo de tan ruidosa fiesta y terminaron deseándonos suerte, tras una breve explicación del asunto que por allí nos traía y asegurándoles que no teníamos intención de cortar el tráfico.

Nunca un piquete de poco más de un par de horas fue tan efectivo. Nunca quedó más demostrado que nos están meando mientras siguen empeñados en convencernos de que llueve. Nunca se pudo ver más claro que la acción directa es la única opción que nos queda. Y eso que éramos diez, nada de manis de 50.000. Extrapolen tan poderosa fábula y tendrán la clave de lo que acontece (y lo que podría acontecer si perdemos el miedo).

Iván Martín