[Artículo publicado originalmente el 30/6/2015 en la revista Ctxt, donde colaboro semanalmente]
Este año he escogido para mis vacaciones
un destino arrebatado, cargado de aventuras inesperadas: Grecia. La idea era ir
a la playa con la familia a estar tranquilos en una isla pero el proyecto
vacaciones se transforma día a día al mismo ritmo que las noticias que escupe
el telediario. Nunca he vivido un corralito y la verdad es que la idea de
vivirlo como turista me resulta un poco obscena. Ellos no podrán sacar dinero
del banco pero yo aterrizaré con un montón de efectivo en el bolsillo. Ellos no
podrán utilizar tarjetas de crédito pero yo sí porque mi tarjeta es sinónimo de
divisas. Ellos saldrán a manifestarse a diario a favor o en contra del gobierno
y yo pensaré en tomar sardinas en la playa. El turismo, así a priori, es un
concepto que carece de empatía.