Nov 18, 2012

Los colaboradores también existen

Pequeña dedicatoria a los periodistas freelance durante la entrega de los Premios Ciudad de Badajoz 2012, que incluían el IX Premio de Periodismo Francisco Rodriguez Arias por la entrevista-reportaje 'Paul Auster afronta el final', publicado en Rolling Stone. Me refiero a fotógrafos y plumillas. Los que hacen información a diario y cuya fuente principal de ingresos depende precisamente de poder seguir informando. Los articulistas  y columnistas estrella, a los que también se llama colaboradores, juegan en otra liga que pese a los recortes, sigue siendo aventajada)

Ante todo me gustaría darle las gracias al jurado por esta alegría tan inesperada y al ayuntamiento de Badajoz por convocar estos premios desde hace nueve años. En España no abundan los premios de periodismo de temática libre y sin una conexión directa con los intereses de los organizadores. Ojalá hubiera más!

Por otro lado me gustaría dedicar este premio a los periodistas freelance, los conocidos en la profesión como colaboradores, los grandes olvidados de la crisis que azota al sector periodístico.

En estos años de crisis económica global, también la prensa se ha convertido en noticia por los ERES salvajes que afectan a empresas de todo el sector. El periodismo sin periodistas no existe pero las empresas han decidido prescindir precisamente de su activo más valioso, los profesionales y en muchos casos de los veteranos, los que deberían servir de ejemplo a las nuevas generaciones, ya que ésta es una profesión que no se aprende en la universidad si no en las redacciones y en las calles. Pero al menos, y aunque no sea un consuelo, porque verse despedido siempre es atroz y traumático, los periodistas de plantilla fulminados se pueden apoyar durante algunos meses en el colchón del paro.

Los colaboradores nos vamos a la calle sin ningún tipo de compensación y encima, ni siquiera aparecemos en las estadísticas. Somos invisibles.

En muchos casos trabajamos durante años como si fueramos de plantilla pero sin recibir a cambio ninguno de los beneficios. (Se trabaja al mismo ritmo, haciendo horas extra gratuitas, a menudo en festivos y fines de semana que nadie paga, sin seguro médico, sin vacaciones y asumiendo la mayoría de los gastos).

Hoy lo que se cobra por colaboración, (haciendo una media rápida), es un 70% más bajo que hace diez años y eso sin contar el ipc!

Nadie nos contrató o mejoró el precio de las colaboraciones cuando las cosas iban bien (oficialmente siempre era un "mal momento", o al menos eso me decían a mí) y cuando realmente empezaron a ir mal fuimos los primeros en caer, silenciosamente... (por ejemplo un escueto email o conversación telefónica diciendo algo así " durante una temporada no te llamaremos, hay que ahorrar, pero en cuanto podamos contamos contigo").

Por eso quiero dedicarles a ellos este premio, porque los colaboradores también existen y pese a formar el grueso de la profesión periodística en España, nadie habla de ellos. 

(Aprovecho este post para felicitar también a mis compañeros de premio, Augusto Fernández Arana, ganador del Premio de Escultura; Alejandro Calderón Martín, ganador del premio de pintura; David Benedicte, ganador del premio de poesía por Poemarx y Daniel Dimeco, ganador del premio de novela con El mapa de las viudas. Ambos libros se editarán en abril y en cuanto a las obras premiadas, pueden verse hasta el 30 de noviembre en el Museo de la Ciudad de Badajoz Luis Morales)

Nov 6, 2012

REQUIEM FOR MY CITY

I left New York hace un mes para mudarme a Londres. La semana pasada Sandy arrasó la ciudad que más quiero y en la que he vivido durante los últimos trece años. Y yo ya no estaba allí. Son cosas que si no eres periodista dificilmente se entienden: ¿por qué querer estar en medio de semejante follón, en una ciudad a oscuras y en remojo, cuando quienes están allí atrapados solo querrían no estar allí? Es ese absurdo de la vocación periodística, de creer o ilusionarnos pensando que (sobre todo) cuando ocurre algo en un lugar que conoces bien, serás capaz de dar lo mejor de ti para contárselo al mundo.
Foto de la periodista Mercedes Gallego, que sí estaba allí.

No ha sido el caso porque yo ya estoy lejos pero no he podido dejar de mirar hacia allá y es curioso como he ido descubriendo y aún hoy descubro lo que aún está ocurriendo en Nueva York y la costa Este, aunque la prensa extranjera ya no me lo cuente porque se ha decidido que la gente de Nueva York y New Jersey (en su mayoría de barrios humildes), una vez recuperada la luz en (casi) todo Manhattan, y aunque haya más de un millón de personas sin electricidad en una zona no tropical y por tanto a temperaturas bajo cero, son menos importantes que las elecciones presidenciales de hoy. Y eso que periodisticamente, lo que sigue ocurriendo en NY y alrededores es una historia humana mucho más potente que unas elecciones en las que lo único que realmente importa es el resultado, no todo el circo interminable en que la prensa convierte el proceso electoral. Además, tras la decepción de los cuatro años de Obama, también yo he dejado de creer en él. Y eso que fui fan. Pero eso es otra historia.



Yo sigo mirando hacia mi querida ciudad y descubro muchas cosas hermosas y horrendas en la distancia, con la ayuda inestimable de relatos directos de mis amigos, a quienes he pedido que fueran mis ojos ahora que los míos no están allí, redes sociales y prensa micro-local neoyorquina.

Foto de Idoya Noain, más detalles en reportaje que menciono abajo.

Respecto a lo que aún está ocurriendo: todos estos edificios de mi barrio, casualmente en su mayoría de protección oficial, siguen sin tener agua caliente ni calefacción. Algunos ni siquiera tienen luz. Y en zonas como Chinatown, donde he vivido durante diez años, los chinos, que no hablan ni papa de inglés (y por lo tanto no tenían modo de saber qué estaba ocurriendo en su ciudad), han superado la semana de apagón gracias precisamente a la organización de las asociaciones vecinales, puesto que el ayuntamiento no se ha dejado ver por allí. Las diferencias de clase, por mucho que el huracán arrase tanto pisos de lujo como chabolas, siempre se dejan notar en las catástrofes naturales, en Nicaragua o en Nueva York. Idoya Noain lo contó perfectamente en este artículo. Y Reuters en este.





Lo más grave respecto a Nueva York, sin embargo, ha ocurrido en Staten Island, Red Hook y Rockaway Beach, las comunidades más tocadas por el huracán y a la vez olvidadas por el ayuntamiento. Rockaway Beach es un área transformada durante los recientes veranos en centro de peregrinación hipster pero donde también estaban algunas de las casas de protección oficial más duras y ásperas de la ciudad. Por no hablar de las casitas de propietarios de clase media, de las que un centenar perecieron arrasadas en un incendio. Aparte del fuego, espectacular para las televisiones, nadie habló de Rockaway Beach durante la primera semana, cuando el foco estaba puesto en ese Manhattan fascinante oscurecido por el apagón. Una semana después del Sandy, 100.000 personas siguen sin luz ni calefacción en esa península y el frío cada día aprieta más. Lo que me parece realmente interesante (y sorprenderá a muchos) es que los primeros que se acercaron a ayudarles fueron los miembros de OWS. Lo descubrí a través de las redes sociales. Todo el network construido durante los meses en que cubrí las protestas de OWS se puso en marcha de nuevo y de un estado de semiadormilamiento pasó a la acción casi de inmediato. Primero me empezaron a llover emails de grupos diversos nacidos de aquel movimiento y que se habían organizado como voluntarios. El segundo día tras el huracán ya habían montado en twitter @occupysandy y en apenas dos días ya estaban organizando viajes a Rockaway Beach y Red Hook con voluntarios para llevar comida, pilas, mantas... Cuando el alcalde por fin se dignó a visitar la zona, seis días después, la gente le respondió con un abucheo, como contó NY1: el sentir general era y es nos habéis abandonado. La prensa estadounidense tardó días enterarse de lo que estaba haciendo OWS. La revista Slate fue la primera en hablar de ello el domingo. Después han seguido decenas de artículos en días recientes.


Un poco de frivolidad neoyorquina: Alex en el Lower East Side, donde al volver la luz, los bares han copiado a los bares de New Orleans, que ofrecían Katrina Specials en 2005. 

Más allá del drama, le he pedido a mis amigos que me cuenten la experiencia de vivir en el corazón del siglo XXI en condiciones de siglo XIX (en el idioma que les apetezca). La mayoría son residentes del downtown desde hace años y por lo tanto vivieron el apagón en primera persona. Es un interesante cuadro de lo que ha ocurrido en esa parte de la ciudad que hace años comenzó a ser adquirida por hedge fund managers y ejecutivos agresivos con ganas de parecer cool y con los que se transformó el paisaje inmobiliario de toda la zona por debajo de la calle 14. Estoy segura de que esos mismos tipos, tras este huracán, venderán sus fancy apartments y volverán a donde pertenecen, el Upper East o el Upper West. Los que no son ellos y viven por debajo de la calle 14, antes o después, también se irán. Pero no por voluntad propia: esa parte de Nueva York está construida sobre canales, en muchos casos por debajo del nivel del mar... Es, como han dicho muchas veces los llamados expertos, cuestión de tiempo. De ahí el Requiem for my city que al menos estas pequeñas grandes historias de mis amigos me ayudan a sobrellevar.

Cliona:

Sandy? Bah! Just another normal day in downtown Tegucigalpa or is it Phnom Penh?
People selling food in the streets
Packed buses like sardine cans
No lights - shadows walking in the dark
Buckets of water being filled at the fire hydrants to bring back to apartments
Walking five miles a day to find phone
New pickup line in bar - "Wanna come back to my place? I have hot water and heat! "

Alex:
Walking around Chinatown, I figured the ones bound to quickly offer goods and bounce back are the Chinese. The Chinese shop keepers were selling freshly dead, or quasi dead lobster, and crabs, and Eels, and all sorts of other barely existing looking fish... I though how ironic that I am unable to make a phone call, or have a hot shower, or even go to Brooklyn or uptown (without paying a chunk of cash. By the way, uptown 43rd and up people were having quiche Lorraine and red wine without even thinking about downtown, it was like Calfornia up there...but that is another story...back to the fish) So, here I am unable to go very far, without much cash, stuck! So here I am walking in the dark, and I am able to have Lobster for dinner for a buck,with champagne, because September Wines was open and there were lines outside of people ready to swap money for booze. While I was thinking that, I come across this terrible glass wall... You know the restaurants on Mott St? or the ones at the Bowery? The ones that have big fish tanks with live fish, you go inside, order the one you want, and pow! it's on your plate.., they were the most unfortunate, it was so grim and creepy, to see these mass of dead and suffocating fish, some were dead for hours, and you could see their bodies floating, piling up one on top of each other in an already crowded little tank...and there were a few grasping for air and looking straight at you, others looked like were feeding on each other..
I actually felt for a fish for the first time in my life...not even Free Willy made me this sad...

Stefano (west village): La radio
Beata solitudo, sola beatitudo si trova scritto nelle Certose e niente come un black out (ma pensate com'è più bello ed efficace lo spagnolo apagòn...) può evocare nel mondo d'oggi la solitudine monastica (se poi è una beatitudine lascio a voi deciderlo). Il computer è morto ieri, ipad e iphone caricati oggi nella stazione di emergenza della biblioteca non riescono a collegarsi alla rete. Niente email, niente facebook, niente web, niente tv, niente telefonate o messaggi con gli amici. Ma se i monaci hanno fatto la loro scelta, noi coatti della solitudine moriamo dalla voglia di sapere cosa sta succedendo là fuori e quanto durerà questo esilio forzato nel medioevo newyorkese. Il mio unico contatto col mondo in queste due lunghe notti è una radiolina Sony a batteria che ho trovato in casa. Era la radio di Julio, il mio compagno giornalista ucciso in Iraq 10 anni fa, l'aveva presa come parte del kit di emergenze suggerito dopo l'11 settembre, ma la usava anche per ascoltare la musica mentre andava a correre. Ovviamente sono sintonizzato su WNYC, la radio pubblica di New York che in questi giorni trasmette solo notizie e tutte le informazioni utili a noi oscurati di South Manhattan. Julio è sempre il mio angelo custode e in queste notti buie mi fa compagnia e mi sta vicino con la voce della sua Sony.


Xavi: Xavi resume el Sandy en Manhattan así http://www.buzzfeed.com/mjs538/even-sandy-cant-stop-new-yorkers-from-being-new-y

Daria (lower east side): Not even the 13th floor is safe from flooding...Apparently there was a surge of water when the power came back and the toilet overflowed and flooded bathroom, bedrooms, hallways and closets...we're at 9th street tonight and hope to finish cleaning tomorrow. We were not the only ones to have this problem and again, given what some people are dealing with now we do still feel very lucky (three days later they cannot go back home, everything is still wet)

Paloma (brookyn): (stolen from her Facebook wall on Nov 3) Hello everyone, it's good to be home and see the kids a Nick and Mailyn. Just to give you and update, the city is a still a mess. The subway only works in some parts of Manhattan or connecting to Queens but not Brooklyn. Many friends and colleagues still don't have power, hot water, heat and water. Nick was volunteering today in Red hook. He helped organize donations to the families in most need. The YMCA next to hokum is a shelter. At least the Marathon has been cancelled so hopefully they will give the water and generators to the families. The worst thing is the 5hr lines to get gasoline, we heard the military is bringing in gas tomorrow. The only allow car with at least 3 passengers to get to Manhattan so people is trying to carpool. Brooklyn is still not connected to Manhattan, We hope it will be open on Monday it all depends if lower Manhattan gets the power back... Otherwise we will have to bike in to work.
We have been sooooo lucky! Take care!


Y es cierto, they have been so lucky, en otros lugares por los que también pasó Sandy la vida es y seguirá siendo muy diferente. En el fondo el efecto Sandy en Nueva York, comparado con Haití, es una gran frivolidad, pero siendo mi ciudad, necesitaba escribir sobre ella. Disculpen el atrevimiento.

Oct 18, 2012

Españoles que triunfan en Nueva York y periodismo


Llegué a Nueva York hace 13 años con la intención de trabajar como periodista freelance. En mi primera agenda, que me encontré en una caja hace pocas semanas, escribí algunos temas posibles con los que arrancar y que alguien me sugirió que podría vender bien desde la ciudad de los rascacielos. Entre ellos estaba el que da título a este post:



Una vez que aterrizas aquí, sobrevives y entiendes el verdadero sentido del concepto triunfar en Nueva York, la perspectiva cambia radicalmente. Tanto, que a lo largo de estos trece años, en los que he trabajado para tres diarios diferentes y múltiples revistas, me he dedicado a coleccionar junto a Sandro Pozzi una carpetita con múltiples artículos publicados en todos los medios españoles, (incluidos algunos firmados por nosotros) titulados, o más bien, retitulados desde España ‘XXXX triunfa en Nueva York’. Ha sido una constante: lo más abundante ha sido la procesión de delegaciones provinciales o gubernamentales que han dilapidado el dinero público haciendo presentaciones peregrinas en Nueva York: ha triunfado el jamón serrano, el aceite extremeño, el vino canario, el arte valenciano… por no hablar de la moda española, que a juzgar por la cantidad de titulares que ha generado debería ser el producto estrella en las boutiques de  Madison Avenue, donde en realidad brilla por su ausencia.
Sin duda, ayuda la financiación: si un diseñador o un ministerio se trae desde España anualmente a un séquito de periodistas a la Semana de la Moda neoyorquina (o cualquier otro sarao) para que cubran su desfile, año tras año él y otros españoles sin duda triunfarán en Nueva York a efectos de prensa española. Otra cosa muy diferente es aparecer en la prensa neoyorquina. Y sobretodo, sobrevivir comercialmente en Nueva York.
Lamentablemente los políticos hacen lo mismo (y lo peor, con dinero público) y desde que la prensa está en crisis y su ética con ella, cada vez son más las noticias que tienen el patrocinio encubierto de bancos, editoriales, discográficas, diseñadores, empresas, ayuntamientos, etc. Es barato y llena las webs.

Viviendo en Nueva York descubres a decenas de españoles que en realidad sí que triunfan en Nueva York, aunque en España pocos lo sepan. Y como periodista, cuesta mucho conseguir que su trabajo aparezca en la prensa española. Por un lado porque en España aún son desconocidos y lo que no suena no existe  (aún recuerdo la de meses que tardé en conseguir vender el primer reportaje que se publicó en España sobre el barrio de Williamsburg. Brooklyn por aquel entonces (año 2000 o 2001) no estaba en los mapas periodísticos españoles y aún no había salido en The New York Times). Además, desde que existe internet, en España (como en Italia o en Reino Unido) los responsables de los medios quieren que sus corresponsales escriban sobre lo que ellos mismos leen en medios estadounidenses en tiempo real (el arte del refrito, que es un arte mucho más difícil de lo que pudiera parecer), y queda poco margen para temas propios, como bien explicaba el otro día David Jimenez en su blog.

Pienso en Yolanda Torrubia, finalista en los premios Rising Star Award; en Santi Moix, que expone desde hace más de una década en Pace Gallery, está en las principales colecciones estadounidenses y en ninguna española; en Max Sanjulián, arquitecto multifacético y responsable hasta hace apenas seis meses de algunas de las mejores fiestas pop-up que han animado el aburrido Manhattan de los últimos dos años. Pienso en Nick Dangerfield, que se inventó el Playbutton y nos descubrió la Harinezumi y está a punto de sorprendernos con otro invento siglo XXI… Imposible nombrarles a todos. Gente que trabaja duro y que acaba siendo reconocida o por la prensa neoyorquina, que es la que realmente mide qué triunfa y qué no en Nueva York (aunque aparecer en la prensa de tu país te ayuda profesionalmente y de vez en cuando, los jefes también te escuchan y consigues dar a conocer a algún desconocido) o por la propia ciudad, que es la que finalmente decide si te deja vivir en ella y en qué condiciones. (Ojo, la prensa italiana o la mexicana hacen exáctamente lo mismo, es un mal extendido y sin duda también es culpa de los que escribimos desde aquí).

Además yo me voy a echar una culpa extra: en el último año, escribiendo a la pieza y cobrando entre 35 y 55 euros por los artículos online –que es donde ahora cabe todo, esa máquina insaciable en la que todo vale, lo bueno y lo malo, porque el papel ha muerto- a mí también se me han quitado las ganas de proponer historias que deberían contarse. Tengo que comer. De hecho, algunas he preferido escribirlas en este blog, por el que nadie me paga, pero en el que escribo sobre lo que me entusiasma a mi ritmo y que no ha parado de darme satisfacciones personales y profesionales (dos premios). Y al menos no siento que se minusvalora mi esfuerzo y mi trabajo. (En Nueva York una niñera cobra 15 euros la hora).

Ese esfuerzo es el que con los años te da algunas compensaciones: la calle, el olfato o simplemente la experiencia te hace dudar de algunos triunfos rocambolescos. De ahí que sea tan importante que los periodistas mayores de 50 sigan trabajando: su experiencia es esencial para muchas cosas, entre ellas evitar que al lector le vendan motos, y que conste que yo todavía estoy en la treintena.

Este verano un director español ‘triunfó’ en Nueva York con un documental (nunca estrenado) sobre el que hace dos años decidí no escribir porque solo me mostraron veinte minutos y me parecieron muy flojos. Otros sí decidieron hacerlo. Los criterios de los periodistas son libres (otra vez, la experiencia debería ayudar) y ojalá que así siga por los siglos de los siglos. El tema de la película era interesante, el resultado, desde mi punto de vista, no se merecía un reportaje.

En la noticia que publicó este verano El Pais, firmada desde Madrid y después reeditada por el propio periódico se hablaba de que al autor de la película le habían dado un premio de 65.000 dólares en Nueva York “otorgado a artistas e intelectuales que contribuyan al conocimiento y divulgación de la historia de los españoles en Nueva York” del que ni yo ni ningún otro periodista español o extranjero nos habíamos enterado –nadie nos informó, la noticia solo aparece publicada en un teletipo de Europa Press fechado en... Madrid!-. Traté de averiguar quién daba el premio, cómo, con qué criterios, quien era el jurado y no he parado de sorprenderme desde entonces: miembros de la productora del documental figuran también como miembros de la institución que da el premio, la Spanish Benevolent Society, en la que a su vez hay socios que ni siquiera saben que se había entregado un premio y en la que un miembro honorario se ha llevado además la mención de honor (¿!!¿). Y como me ha dicho literalmente uno de sus responsables por email “dado el carácter privado de nuestra organización, decir que podemos entregar premios y menciones a quien nos parece oportuno, pero un dinero reunido de manera privada para destacar (y proteger) la carrera de alguien se entrega según criterios privados, que usted es muy libre de valorar u opinar sobre ellos”. Como son privados, no sé cuáles son los criterios así que no puedo opinar. Pero sí puedo sorprenderme por esos estrechos lazos entre productora e institución, que además parecen muy similares a los que los responsables de la película criticaban en el artículo original hablando del amiguismo imperante en las instituciones públicas españolas. Del conflicto abierto entre la Spanish Benevolent Society del premio, y la organización del mismo nombre que existió antes que aquella, prefiero no hablar. Me faltan datos.

En fin, solo puedo alegrarme por el director del documental: salir en la prensa ayuda a conseguir la green card. Un artículo te puede cambiar la vida. Lástima que con esto de la crisis del periodismo, el rigor informativo no sea muy riguroso y cualquiera triunfe en Nueva York. Hasta el jamón serrano. 

Sep 22, 2012

RODRIGUEZ

Sixto Rodriguez no fue profeta en su tierra. Suele ocurrir con muchos grandes. Con demasiados, diría yo. Hasta que anoche no vi el documental Searching for Sugar Man no tenía ni idea de quien era este extraño y fascinante cantante folk que solo editó dos discos excepcionales y al que su productor y gente de la industria que trabajó con él comparó en su momento -finales de los sesenta, principios de los setenta- con el mejor Dylan. Pero al contrario que el bardo más famoso de Estados Unidos, sus discos no hicieron caja y en el reino del dinero, si no lo produces no existes, por mucho talento que tengas (o lo que es peor, el dinero te hace existir incluso cuando no tienes talento).

Pero para Rodriguez, el ostracismo americano ha terminado. Hordas de hipsters y modernos (que llenaban el cine en el que vi este documental premiado en Sundance tanto por el público como por el jurado) pronto consumirán y venerarán la música de un artista de Detroit con nombre latino,
que cantaba en inglés y que pese a ser ignorado por la América de los setenta resulta que en el otro extremo del mundo se convirtió en fenómeno de masas, aunque Rodriguez tardó treinta años en saberlo.

Sus canciones, combinación perfecta de poesía, crítica social y atrevimiento (ya quisieran escribir así los hipsters de hoy), se convirtieron en uno de los símbolos de la contracultura y la lucha contra el apartheid de toda una generación de sudáfricanos que creció creyendo que Rodriguez había muerto suicidándose en público durante un concierto a principios de los setenta.

La realidad es que Rodriguez estaba y está aún vivo y lleva cuarenta años haciendo trabajos de demolición en Detroit, esos trabajos duros que habitualmente nadie quiere hacer en una ciudad en la que la palabra esperanza dejó de existir hace muchos años. Rodriguez no tenía ni idea de que en Sudáfrica era incluso más célebre que Elvis Presley y por supuesto nunca cobró un dólar de aquel millón de discos que llegó a vender en su momento en un país que tres décadas más tarde, al descubrir que aún estaba vivo, le acogió con inmensos honores. (impagable la entrevista con uno de los responsables de Motown Records tratando de minimizar el tema del dinero)

El documental está francamente bien hecho, más de uno debería verlo y aprender a resolver con talento una narración en la que faltaba la principal materia prima con la que se hacen los documentales sobre músicos: sus actuaciones en directo. En el caso de Rodriguez solo hay metraje de algún concierto en Sudáfrica casi treinta años después de la edición de sus discos... y tal como está contada la historia, con el suspense de quien se embarca en una búsqueda improbable que parece imposible (encontrar a un cantante estadounidense que toda América desconoce) ese material no podía utilizarse hasta el final del filme. Cuidadas animaciones suplen esas carencias, creando además una atmósfera intimista que le da aún más fuerza a la narración.

Lo más extraordinario de esta historia, además de la música, quizás sea descubrir, en unas pocas pinceladas, al propio Rodriguez. No todo el mundo vendería su alma al diablo por el éxito y los 15 minutos de fama. Rodríguez resulta ser un personaje modesto, fuertemente comprometido con la política y con la defensa de la clase trabajadora, un tipo de izquierdas, al estilo tradicional, a lo Pete Seeger en cierto modo, un tipo que cuando descubre su éxito y comienza a dar conciertos en Sudáfrica no se muda a una casa más linda ni se liga a la chica más guapa si no que dona gran parte de sus ganancias a amigos y familiares. Al terminar la película  seguiremos sabiendo muy poco de él pero el espectador se llevará a casa un sentimiento poco común: el respeto por un artista con mayúsculas que no le hace sombra a la persona (el mundo de los genios está lleno de grandes artistas que no fueron grandes personas). Y muchas lágrimas, porque el cine hecho con poesía hace llorar.

Sep 18, 2012

OWS: HISTORIA AGRIDULCE DE UNA REVOLUCIÓN

17 septiembre 2012


Ayer se cumplió un año desde aquel 17 de septiembre en el que escribí por primera vez sobre Ocupa Wall Street. Ante su primera convocatoria, en la prensa nadie daba un duro por ellos. Yo fui afortunada: un jefe de Madrid con olfato me escuchó y me dejó publicar la primera crónica, la de su primera manifestación aquel 17 de septiembre, a la que siguieron muchas otras. Eso sí, al principio solo se publicaban en internet porque aunque los periódicos españoles dicen que su apuesta es la red, lo cierto es que solo permiten que llegue al papel lo que consideran 'realmente importante', un criterio que nadie me ha llegado a explicar con claridad y que imagino que para los lectores que no compran papel (la mayoría), es absolutamente irrelevante.

¿En qué momento se convirtió OWS en 'noticia' como para llegar al papel? Cuando hay manifestaciones los responsables de los periódicos suelen preguntar "¿hay follón? ¿ha habido bronca? ¿han arrestado a mucha gente?". Es decir, las protestas son noticia cuando hay números y violencia que poner sobre el papel. Las ideas, por lo general, si se expresan de forma pacífica pierden fuerza periodística, aunque sean válidas o incluso revolucionarias. Cosas (feas) del periodismo. (A Martin Luther King le costó varios años llegar a los periódicos).

En este caso "el follón" se montó un 2 de octubre, cuando 700 personas fueron arrestadas sobre el puente de Brooklyn. Y de repente, mis artículos llegaron al papel, y los de miles de periodistas a miles de rincones del mundo. De repente se hablaba de la profunda división entre ricos y pobres, de los efectos reales de la crisis hipotecaria -desahucios-, de la abrumadora deuda de los estudiantes, de la ficción del tan cacareado 'american dream', de los preocupantes conexiones entre Wall Street y la administración Obama (empezando por Timothy Geithner y Lawrence Summers). Y no solo se hablaba en la calle y en los periódicos: OWS llegó al discurso político, a la boca de Obama, del Congreso, de los senadores y hasta se discutieron con ahínco leyes como la 'millionaire tax', mientras la deuda de los estudiantes se convertía en una constante que hoy sigue asomándose a la campaña electoral...


El 99% se hace notar durante las protestas del año pasado.

Una protesta que comenzó timidamente y que en su primer día incluso defraudó por su baja asistencia a muchos de los implicados, comenzó a hacerse fuerte en una plaza anodina e inhospita del barrio de Wall Street. La comodificación abrumadora a la que llega la sociedad estadounidense permitió sin quererlo que Zuccotti Park se transformara en el cálido Liberty Square gracias a la imposibilidad de la policía de desalojar una plaza que pese a estar en el centro de la ciudad resultó ser de propiedad privada. Y así, de una idea utópica - ocupar wall street- nacía un ágora de pensamiento, reunión y discusión, un experimento en ciudadanía que le dio a esta urbe dura y egoista una pátina de humanidad francamente necesaria en la que un movimiento nacido de grupos de activistas tradicionales colisionó y se fundió con miles de personas sin background político que sin embargo, por primera vez en décadas, se atrevieron a cuestionar su propia sociedad y a expresar sus deseos sobre cómo mejorarla.

Matar el espacio físico fue esencial para dinamitar un movimiento cuyo mayor mérito creo que fue permitir que el ciudadano volviera a soñar con la posibilidad de un mundo mejor. Suena cursi pero no es ninguna chorrada. En un país tan hostil hacia el débil como Estados Unidos, y en un contexto mundial de crisis y ensañamiento precisamente con esa parte de la población, cuando Europa entera parece dispuesta a emular lo peor de Estados Unidos, imaginarse cosas que parecen imposibles no es poco. 


 Vendedor de chapas en Zuccotti Park ayer.

Pero sin lugar de reunión ya no hay masa, y aunque la prensa cacaree a menudo sobre 'el poder de las redes sociales', el poder de la masa física sigue siendo imbatible (con la excepción de la ciberguerra). Y los políticos lo saben. (y volvemos a los números, es la masa la que lleva las protestas a la prensa). Y aunque tras el desalojo de Zuccotti Park miles de personas continuaron activas por todo el país y surgieron múltiples grupos que han seguido trabajando a lo largo de todo el año, generando ideas, debates, proyectos, el movimiento OWS "ha sido privatizado por unos cuantos líderes" me decía el otro día alguien que estuvo muy vinculado a él. Y encima, ya no era tan sencillo ir a su encuentro como cuando residía en la plaza. Quienes se asomaron a OWS desde la curiosidad y se vincularon al movimiento poco a poco, en cierto modo han quedado fuera de juego al entrar en acción las clásicas fórmulas de liderazgo y luchas de poder que acaban aburriendo o agotando a quienes ya no creen en la política clásica (que somos la mayoría).

Ayer volví a pasear por Zuccotti Park pero fue un paseo de sabor agridulce: quizás hubiera 500 personas pero los números aquí dan igual. Era lo que se respiraba en el ambiente, lo que se veía, lo que se sentía: un intento desesperado por resucitar un momento en un plaza que ya no es la que fue en un momento que también ha pasado. Y sin embargo, aunque allí hubiera mucho perroflautismo, muy poca mezcla social y racial, demasiados locos (de los de manicomio) y hasta gente vendiendo chapas (antes se regalaban), lo que aún flotaba en el clima de Zuccotti es la sensación de que los ciudadanos tenemos que hacer algo si queremos cambiar el negro destino que nos han pintado nuestros dirigentes. Cuando un tipo como Mitt Romney, que aspira y podría llegar a presidente, es capaz de decir sin despeinarse (ver el video de arriba que hoy es escándalo nacional) que su trabajo "no es preocuparse por ese 47% de la población que piensa que tiene derecho a la sanidad, a la comida, a una casa (...), a los que nunca convenceré de que tienen que tomar las riendas de su propia vida" (y no depender del gobierno) se impone realmente algún tipo de revolución. Así que aunque muchos declaren muerto OWS y otros movimientos como el 15M, es imprescindible reconocerles el mérito de haber puesto una semilla de duda, inquietud e indignación en la cabeza de millones de ciudadanos. Aprender a regarla y transformarla en acciones con efecto real es lo más difícil. Y no vale decir "es que este movimiento ya no es lo que era" e irse a tomar cañas. O culpabilizarlo por el triunfo de Rajoy en las elecciones. La situación es crítica y hay que atreverse a seguir imaginando que los ciudadanos podemos cambiar el status quo. Gritar "estoy harto", como hacía Peter Finch en Network, debería ser sólo el principio.

Jul 6, 2012

CHINATOWN HABLA ESPAÑOL



En Chinatown casi nadie habla inglés. Pero muchos hablan español. Alguien debería tomar nota de como funcionan los flujos de idiomas en la ciudad de los rascacielos. Cada mañana cientos de mexicanos trabajan cargando y descargando cajas de alimentos que abastecen los comercios de uno de los barrios más activos de una ciudad en la que aún es posible encontrar fruta fresca y verduras a precios de humano. No son estéticamente perfectas como las que brillan en los supermercados, ni oficialmente orgánicas, pero sí tienen sabor y olor, que solía ser lo importante.

Los hispanos son la mano de obra principal en un barrio cerrado en sí mismo que tradicionalmente sólo utilizaba a los suyos. Pero al igual que los restaurantes de toda la ciudad, que no podrían sobrevivir sin los miles de hispanos ilegales que trabajan en sus cocinas, en Chinatown son los hispanos los que ponen sus músculos a disposición de los comerciantes, o incluso atienden a la cliéntela, como ocurre en las pescaderías de Grand St. Y no son ellos los que aprenden chino sino los chinos los que han optado por aprender español antes que inglés. 
En mi barrio, los mexicanos a los que saludo cada mañana no tienen papeles, aunque la mayoría de los chinos tampoco. Y ante la necesidad, se impone lo práctico. "Algo tiene el español que nos resulta más fácil que el inglés. Además los hispanos son mano de obra barata y nos interesa poder comunicarnos con ellos. En Chinatown es más práctico saber español que inglés" me dijo hace unos meses un transportista chino (con acento mexicano!) que me ayudó a descargar el coche en la puerta de casa.

Ahí dejo el dato tras comprar calamares (en español) en la esquina de casa y regatear (en español) con el señor chino de la frutería. Ahora le toca a los sesudos hispanistas darle una vuelta de tuerca a la información. Pero sus conclusiones, cuando lleguen, lo harán tarde: los verdaderos visionarios fueron los dominicanos de la tienda de la esquina de casa, que hace treinta años la bautizaron con el nombre Chinese-Hispanic Grocery, ¿el futuro de Nueva York?


Jun 14, 2012

Deadline USA


Una gran película sobre periodismo: Deadline USA. Dejo aquí este breve clip con 60 años de historia para que no perdamos de vista que el declive de la prensa no comenzó con internet y el frenesí de buscar más clicks a costa de la calidad y de la información. Comenzó mucho antes, primero con la irrupción salvaje de los tabloides y luego con la transformación paulatina de los periódicos en meras patas de conglomerados mediáticos interesados sólo en el beneficio a corto plazo a repartir entre accionistas. Mientras la información sea considerada como una forma de convertir en millonarios a unos pocos, los periodistas seguiremos jodidos (excuse my language). Y ahora que la red ha cambiado los parámetros de financiación de la prensa, me pregunto si es posible dar marcha atrás y volver a la esencia. Los que amamos esta profesión nos conformaríamos con un sueldo que reconozca nuestro trabajo. No nos hace falta cenar en restaurantes caros, ni un chófer, ni un cochazo a cuenta de la empresa. Proyectos pequeños pero valientes como El diario,  Materia y Jotdown apuestan por la base del periodismo: informar. Les deseo larga vida porque han entendido que el espíritu de estos tiempos nos invita inevitablemente a buscar nuevos parámetros económicos y nuevos valores éticos en la gestión y producción de la información alejados del click sensacionalista.

May 19, 2012

CANNES: CARA B.



El Festival de cine de Cannes tiene muchas caras. La oficial es la de las estrellas guapas, las alfombras rojas, las secciones oficiales, las fiestas, los jurados sofisticados, los directores metepatas y la prensa especializada, que pontifica o mata, según los gustos personales de cada cual. Pero hay otra cara menos glamurosa: la de los cerca de 4000 cineastas que acuden con sus películas al Marché du Cannes, donde la competencia es realmente feroz y donde, en la lucha por conseguir un contrato de distribución o un agente, el cineasta novel que no llega avalado por una gran productora, está completamente solo. Aunque pocos lo están tanto como Erik Eger hace dos años, cuando consiguió que su película A hundred years of evil fuera seleccionada para estar en el que se considera el mayor mercado de cine del mundo, por donde en estos días circularán 10.000 profesionales, 4000 títulos y habrá 1500 proyecciones. Al mercado acuden nombres muy importantes de la industria con directores y estrellas igual de importantes que los del festival pero también mucha gente anónima para esa industria, como Erik, que tuvo la osadía de inscribirse, ser aceptado y presentarse en 2010 arruinado y sin ningún contacto pero arropado  por su actor principal, su compositor y su novia, (¡qué sería de los directores sin sus novias!), una pintora que pagó el alquiler del apartamento cochambroso en las afueras de Cannes en el que se hospedaron con uno de sus cuadros. 

Tengo que admitir que a Erik le conozco y le quiero: trabajé en el primer cortometraje de este sueco con alma de vasco (vivió en San Sebastián muchos años) en el año 2000, una irónica reflexión sobre el mundo del arte en 16mm titulada The Artist (sí, un título tan común que hasta tiene oscar). Lo conseguimos llevar a la pantalla con apenas 4000 dólares, un milagro de producción que repetimos haciendo juntos dos vídeos de The Hellacopters y posible sólo porque aprendí, como Erik, en una excelente escuela de cine underground: The Family Film Productions (algún día tendrá su propio post).



Diez años después me vuelvo a reencontrar con Erik en Williamsburg, donde hoy sábado estrena el 'mockumentary' (falso documental) A hundred years of evil, una desternillante parodia al más puro estilo Zelig sobre los documentales de conspiraciones que plagan el history channel y otras cadenas similares. A hundred years of evil es el viaje de un profesor noruego obsesivo (interpretado por el músico y actor Jon Rekdal) por demostrar que Hitler sí sobrevivió a la II Guerra Mundial y es un excelente ejemplo de cine 'do it yourself'. Y además, con buenos resultados.

Más allá de invitar a los neoyorquinos a ver la película hasta el próximo día 25 en Indiescreen, (los no neoyorquinos pueden verla en iTunes y Amazon), quiero contar la historia de lo que pudo ser y no fue. 



Quemando tarjeta de crédito ya ultra chamuscada por los gastos de auto producirse la película, (sí, es posible hacer cine sin subvenciones gubernamentales) Erik y su equipo alquilan por 1000 euros una de las salas que Cannes le ofrece a los cineastas que acuden al mercado en 2010. Tres días antes de viajar a Francia, Erik recibe una llamada: al otro lado del teléfono un tipo que dice ser agente de la agencia William Morris -quizás la más poderosa de las agencias de Hollywood- le comunica que le han hablado muy bien de la película y que quiere ser su agente. Eso significará que tendrá que anular su estreno en Cannes y dejar que a partir de ahora él mueva todos los hilos. Erik, que en ese momento se debatía en un supermercado frente a unas tristes latas de atún en oferta, primero piensa que es un colega gastándole una broma. Cuando por fin entiende que no, y tras el shock inicial, empieza a discutir con el agente en cuestión, que finalmente transige y le dice que haga su proyección pero que no permita que la prensa la vea. "El tipo me hablaba exactamente igual que el agente de la serie Entourage así que yo estaba convencido de que alguien me estaba tomando el pelo. La realidad es que esos tipos hablan así en el mundo real" me cuenta Erik.

Tres días después, él y sus compañeros aterrizan en Cannes con todas las dudas que les ha provocado la llamada del agente. Y la noche antes del estreno, en ese apartamento miserable en el que tres cineastas y una novia entregada roncan juntos en un cuarto soñando con el día después, cinco tipos irrumpen por sorpresa y se lo llevan todo: ordenadores, pasaportes, dinero... todo. Hasta la copia de la película. Pero al menos ocurre un pequeño milagro, o así lo cuentan ellos: a los ladrones se les ha caído la película en la acera mientras huían, y la policía se la encuentra en el suelo cuando acude a la casa tras la denuncia. (el relato en primera persona de esta historia y del cómo se hizo la película no tiene desperdicio)

 

Enarbolando la mejor sonrisa que uno puede poner tras una noche como esa, acuden al estreno. Suele ser un milagro que la prensa asista a una proyección de un cineasta anónimo y sin productora que no participa en el festival, pero hay medios como Variety que también envían periodistas a buscar pequeñas joyas al mercado. Una hora antes de su estreno, Erik se encuentra en la puerta de su sala precisamente con un periodista de esa biblia del cine, y mientras se le retuercen las tripas, le dice que no puede entrar. El periodista discute: le han hablado muy bien del filme y quiere verlo. Mientras, en la cabeza de Erik, esa voz: yo seré tu agente, yo te haré grande, no dejes que la prensa escriba sobre tu película. 

Finalmente acuerdan que si al periodista no le gusta la película, se irá en mitad de la proyección y que si se queda hasta el final, no escribirá en Variety sobre ella hasta que Erik le dé permiso. Ocurre el milagro, el periodista felicita al director al terminar la proyección y le dice lamentar mucho no poder publicar la crítica. Pero William Morris, Entourage, las promesas, los sueños de grandeza de todo cineasta y todos los mitos de Hollywood pueden más que el poder potencial de la pluma de Variety (a veces una buena crítica es la puerta para un contrato de distribución).

Pasan semanas de conversaciones telefónicas dirigidas a que la película entre en la selección oficial de Toronto: sí, a los festivales grandes y poderosos se llega sobre todo por contactos (productores, agentes, actores, distribuidoras), ocurre pocas veces el milagro de que una película sea seleccionada simplemente porque le ha gustado a un programador. (lo he escuchado como periodista y lo he vivido como cineasta).

Erik, mientras, tiene dudas: "esta película es demasiado indie para Toronto, con tus contactos deberías intentar un festival diferente". El tipo de William Morris insiste. Y se estrella: Toronto dice que la película... es demasiado indie para ellos. A partir de ese momento ya no se pone al teléfono. El que responde a las llamadas de Erik es su asistente. La cosa pierde fuelle. El sueño se evapora. El agente, al que nunca llegó a conocer personalmente, se volatiliza.

Y Erik se vuelve a quedar solo. Un momento: igual Variety aún le puede dar un empujón. Erik llama al periodista: ya no trabaja para Variety, ahora está en el Hollywood Reporter y no puede escribir de algo que vio mientras trabajaba para otro medio. :(



El camino ha sido arduo pero dos años después A hundred years of evil ha conseguido una buena distribuidora, FilmBuff, ha pasado por varios festivales y se ha llevado algún que otro premio. Hoy Erik está ultimando los preparativos para el gran fiestorro en Brooklyn donde celebrará, al más puro estilo indie, el estreno neoyorquino de una película que filmó precisamente en ese barrio con la ayuda de más de 100 personas. No es Cannes, pero esta vez no estará solo y cuando sabes que la fama puede llamar a tu puerta, rozarte y desaparecer de forma caprichosa, me imagino que te replanteas muchas cosas. Hay miles de cineastas con talento como él que aún no han llegado a lo que la industria considera la cima. Pero la industria está llena de pequeños grandes cineastas. Y la cima, también tiene su cara B. Hoy en Brooklyn habrá una gran fiesta. Según cómo se mire, nada que envidiarle a las de Cannes. 

May 7, 2012

SORPRESAS EN CHELSEA


Allen Gingsberg y su familia por Avedon. (la foto pertenece a la Richard Avedon Foundation)

No me gusta escribir sobre la Galería Gagosian. Es lo más parecido al hotel Hilton de las galerías: con doce locales en nueve ciudades diferentes y con artistas en su catálogo con categoría de celebridad como Pablo Picasso o Damien Hirst, esta especie de franquicia del arte para multimillonarios me suele interesar poco puesto que todo en ella es bastante previsible, como ocurre con todo lo que se vuelve parte del 'establishment'. Eso no significa que no haya que entrar en sus locales: renegar de lo que en principio no nos interesa es poco inteligente. Siempre debería haber espacio para dejarse sorprender.



Los siete de Chicago en Gagosian. (la foto pertenece a la Richard Avedon Foundation)

Por eso hoy no puedo evitar escribir sobre un artista famoso en una galería ultra-famosa: Richard Avedon en la sede de Gagosian de la calle 21, en Nueva York. Titulada Murales y Retratos, es de lo mejor que he visto durante un fin de semana cargado de arte. Nueva York puede ahogarte con su oferta: el viernes y sábado se inauguraban las ferias Frieze y Pulse, (con escasa presencia española, a excepción de Nieves Fernandez, que mostraba entre otras, obras del español Jordi Alcaraz, que inauguraba el viernes su propia individual en el Lower East Side). Además en Chelsea coincidían la inauguración de Shepard Fairey (escoltado por unos tipos de seguridad modelo rapero multimillonario -por cierto, nos confirmó que NO hará un cartel para Obama este año, "que le apoye otra gente", insistió, aunque sí dijo que le votaría -qué remedio, añado yo-), la de Francesco Clemente (con toda la intelligentsia neoyorquina del arte pavoneándose entre sus cuadros), la de Tauba Auerbach, (una de las jóvenes por las que se han peleado los mejores galeristas de Nueva York tras el cierre de su galería mentora, Deitch Projects y que convocó a cientos de personas en Paula Cooper) y la de Richard Avedon, entre otras.

Mission Council en Gagosian. (la foto pertenece a la Richard Avedon Foundation)

El fotógrafo al que se venera sobre todo por haber revolucionado la fotografía de moda, era ante todo un maestro del retrato. Firme opositor a la guerra de Vietnam, a finales de los sesenta quiso plasmar las transformaciones sociales y políticas de su tiempo y se embarcó en hacer cuatro grandes fotos grupales que solo se habían mostrado una vez (en Marlborough en 1975) y que son las que ahora se exhiben en Gagosian: Allen Gingsberg y su familia, Andy Warhol y los miembros de la Factory, los llamados Siete de Chicago (activistas políticos acusados de provocar las revueltas estudiantiles durante la Convención Demócrata del 68) y el Mission Council, (los políticos y militares estadounidenses al mando en Saigón durante la guerra de Vietnam). No sólo la elección de esos cuatro grupos es increíblemente certera: los cuatro retratos, de hasta diez metros de largo y tres de alto, impactan de forma extraordinaria cuando uno entra en la galería, que ha cuidado al detalle el montaje, y permite que los cuatro puedan verse al mismo tiempo desde el centro del local, pero que te aisles con ellos cuando te acercas.

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       Video tomado desde el centro de la galería Gagosian.

Además los retratos están aliñados con otras fotografías más pequeñas que completan conceptualmente esas escenas. Por ejemplo, Allen Gingsberg, retratado junto a su familia, (judíos neoyorquinos de clase alta tomando el té), aparece en otra serie de fotos completamente desnudo junto a su pareja, Peter Orlovsky.  Junto al Mission Council, bajo una luz casi de interrogatorio, hay una serie de retratos durísimos de víctimas de la guerra de Vietnam...

Las páginas de moda le dieron la fama pero como demuestran estas imágenes, Avedon miraba y veía mucho más allá de esas páginas.  Y por una vez, le tengo que dar las gracias por recordármelo a ese inquietante, escurridizo y poderoso personaje llamado Larry Gagosian.

May 1, 2012

HORIZONTES FRACASADOS

En los últimos días la prensa mundial se ha llenado de artículos anodinos sobre el nuevo rascacielos más alto de Nueva York: la Torre 1 del World Trade Center, conocida hasta hace poco como Torre de la Libertad. Y cuánto más leo más echo en falta un poco de reflexión crítica y más me sobra la poesía con la que se ha tratado de adornar la noticia. Que si una viga estrella aquí, que si unos metros más alto que el Empire State allá, que si el WTC vuelve a brillar, que si el aniversario de la muerte de Bin Laden... ¿De verdad esto es el corazón de la noticia?

Después de los atentados terroristas del 11S, más allá de la discusión política, en el mundo de la arquitectura y el urbanismo se vivieron intensos debates respecto a qué hacer con un espacio que de repente, en medio de la ciudad, se había quedado vacío, como un papel en blanco cargado de simbolismo sobre el que poder dibujar con un lápiz nuevo. Se podía haber utilizado el mejor papel, la mejor tinta, los mejores artistas, quizás incluso el corazón... Pero no ocurrió. Había incluso muchos millones disponibles para hacerlo. Pero faltó voluntad. Lo importante para Silverstein, arrendatario de los terrenos sobre los que se erigían las Torres Gemelas, era forrarse metiendo miles de oficinas en la zona cero y un shopping mall. Tampoco se le puede culpar: es empresario y los empresarios quieren que sus negocios sean rentables. Pero la ciudad y sus alcaldes podrían haberse puesto del lado de los ciudadanos al menos esta vez y hacer del sur de Manhattan un lugar mejor que el que había antes, pero tampoco ocurrió: Michael Bloomberg gestiona Nueva York como una gran empresa y en las grandes empresas, como evidencian las crisis, los individuos no cuentan, solo cuentan los números, y en este caso además, la política. Ya lo dijo clarito su predecesor, Rudy Giuliani en pleno frenesí patriótico el 12 de septiembre de 2001: "Reconstruiremos. Saldremos de aquí más fuertes que antes, política y económicamente más fuertes. Y el skyline volverá a ser el skyline". Convertir aquel espacio en un parque o construir edificios a escala humana y no fálica, con cierto civismo urbanístico y criterios no mercantilistas, no entró en los planes. 

Durante una década he escrito apasionadamente sobre las disputas culebrónicas que agitaban el cocktail emocional, político y económico que nació allí el día en que cayeron las Torres Gemelas. Se ha tardado un tiempo inaudito para Nueva York, once años, en conseguir que la zona cero empiece por fin a tomar forma, - el Empire State tardó apenas 410 días en alzarse en plena depresión económica- y precisamente la silueta que todos los neoyorquinos veremos de ahora en adelante cuando miremos hacia el sur de la ciudad es probablemente la más ofensiva posible: un rascacielos mastodóntico, sin personalidad, de dudosa calidad arquitectónica (basta mirar las  estupendas construcciones que han florecido en NY en la última década para saber que ésta vale muy poco) y en mi opinión, sencillamente feo. Lo peor es nos obligará a recordar, cada vez que miremos el nuevo skyline, la oportunidad que Nueva York perdió para hacer de su ciudad un lugar mejor tras los atentados y por extensión, la que perdió Estados Unidos cuando tuvo que decidir cómo responder a los ataques.

Del edificio original llamado Torre de la Libertad e incluido en el concurso que ganó el arquitecto Daniel Libeskind en 2002 para remodelar la zona cero, no queda nada. Ni siquiera las palabras de rabia con las que el propio Libeskind se opuso a las reestructuraciones que le impuso Silverstein a través de los arquitectos de la firma SOM para exprimirle más oficinas al proyecto. El pobre Libeskind ahora solo puede agachar la cabeza y darse con un canto en los dientes porque el edificio llevará para siempre su firma, aunque se parezca bien poco al que él ideó. Y del proyecto original, que nunca fue excesivamente aplaudido pero era mejor que el que ahora emerge en el horizonte, dicen los críticos, queda bien poco ya que Daniel Childs, de SOM, arquitecto amigo de Silverstein, se encargó de vulgarizarlo para que rentara más.

Lo peor es que todo el proyecto es además un fracaso económico: más allá de que se les haya disparado el presupuesto y ya vaya por los 16.000 millones de dólares gastados cuando aún queda la mitad del área por construir y falta el dinero para continuarlo, nadie quiere ser inquilino de la zona cero. Alquilar esas oficinas debe ser como un sudoku para agentes inmobiliarios. Condé Nast se mudará a la Torre de la Libertad en 2014 porque ha negociado un jugoso contrato de alquiler a precios sensiblemente más bajos que los de mercado (el sobre coste lo asumirá basicamente el ayuntamiento con la esperanza de que su presencia atraiga a otras firmas) y gran parte del edificio además será alquilado por el gobierno local y federal (para realquilarlo después) con tal de hacer buena publicidad de los 200.000 metros cuadrados de oficinas construidas sobre un cementerio llamado Torre de la Libertad. ¿El rascacielos más alto de la ciudad? Yes. Pero sin contexto, las noticias sólo lo son a medias. 

Apr 29, 2012

VIDAS SIN FICCIÓN

Hay películas que se te agarran a las entrañas y te las siguen mordiendo mientras ves pasar los títulos de crédito, se encienden las luces del cine y regresas en silencio a casa. Ojalá hubiera más pero como son pocas, sus nombres se te clavan en la memoria: Una noche, de la británica Lucy Mulloy, ganadora del Festival de Cine de Tribeca y tan sutil, sensible y demoledora que a la ficción no le ha bastado el celuloide y ha dado el salto hacia el mundo real, aunque afortunadamente con un final distinto al que Mulloy se imaginó.

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Vayamos por partes: todo comienza con una trama sencilla pero en el contexto infinitamente complejo de un país, Cuba, al que pocas veces he visto retratar en el cine actual con una mezcla equilibrada de realismo, dolor y belleza y con un resultado tan conmovedor como desgarrador y encima evitando el pecado capital de gran parte del cine hecho por no cubanos sobre Cuba: politiqueos baratos.

La historia atrapa desde el principio porque es universal: un triángulo amoroso entre adolescentes que podría ocurrir en cualquier parte de la geografía pero al ocurrir en Cuba tiene sus propias particularidades. Dos hermanos mellizos –Elio y Lila- que se quieren con locura y a los que la aparición de un tercer personaje, Raúl, comienza a separar.  Los dos hermanos han crecido apoyándose el uno en el otro y disfrutando como pueden de lo que les ofrece su depauperado país. La aparición de Raúl, con una existencia mucho más complicada que la de ellos, -un padre que huyó a Miami y le abandonó, una madre enferma de sida- provoca un huracán emocional en sus vidas y una decisión arriesgada: huir en balsa hacia Miami. Amor, amistad, homosexualidad… La delicadeza con la que la directora toca todos esos sentimientos, que en el corazón adolescente son un torbellino y que juegan un papel clave en los motivos de cada uno de ellos para subirse a la balsa, es espectacular. Y más aún en el contexto de esa Cuba agonizante que el director de fotografía (puro talento) retrata en tono documental, con la poética triste que da la realidad, sin cursiladas y que la directora salpica con descripciones verbales sencillas, en las que evita el juicio de valor y donde se limita a contar hechos conocidos por todo el que haya vivido en Cuba.  ("En Cuba hay de todo, sólo tienes que saber encontrar a la persona justa"...)

Voy a seguir destrozando la trama (sorry) para que se pueda entender mejor la ironía del salto que ha dado la ficción a la realidad. Elio, Lila y Raúl se embarcan pero nunca llegan a Miami. A Elio se lo comen los tiburones y a Lila y a Raúl la corriente los devuelve a Cuba.

Ni Javier Nuñez Florián (Elio) ni Anailín de la Rua de la Torre (Lila) ni Daniel Arrechaga (Raúl) eran actores profesionales. Mulloy los encontró en las calles de La Habana cuando tenían 15 años –ahora tienen 20- y no han hecho ninguna otra película. Durante el rodaje Anailín y Javier, que interpretan a los hermanos, se enamoraron. Y hoy aún siguen juntos.

Fast forward tres años, los que ha tardado Lucy Mulloy en estrenar su película, más los dos de complicado rodaje (la dura vida del cineasta underground…). El filme estuvo primero en el Festival de Cine de Berlín. Los tres protagonistas viajaron a esa ciudad en febrero para el estreno, pasaron allí seis días y después regresaron a La Habana. Parece que Angela Merkel y su euro/imperio les dejó fríos. Pero Estados Unidos tiene buena prensa entre cubanos. Y una alfombra de oro para todo aquel que decida dejar Cuba, cosa que no ocurre ni en otros países ni para otros inmigrantes. Así que Anailín y Javier han decidido cambiar el final de su propia película y no dejarse devorar por los tiburones. Ella vendía artesanía y él trabajaba de pizzero. Invitados por el Festival de Tribeca, volaron hasta Miami y ahí se quedaron. No llegaron al estreno en Nueva York, donde les esperaba Arrechaga y Mulloy y nadie supo nada de ellos hasta el viernes, cuando aparecieron en un canal hispano de Miami confesando su intención de pedir asilo político. Su directora les desea buena suerte y dice estar en shock. A mí su película se me agarró a las entrañas. A ellos se les agarró a la vida. 

Apr 2, 2012

Damien Hirst o el Apocalipsis del Arte


Merchandising de Damien Hirst en la Tate Modern de Londres.

No tengo muy claro qué esperar de un siglo que ha convertido en imprescindibles las palabras 'cool' y 'glamour', el iphone y al artista Damien Hirst. Me lo pregunto desde las entrañas de un lugar decididamente cool, la Tate Modern de Londres, mientras tomo fotos (con un iphone) de las obras del artista más rico del mundo, Damien Hirst, cuyo auténtico talento es haber creado la simbiosis perfecta entre arte cool y glamuroso, que utilizó para conquistar en los noventa los corazones de los comisarios y casi a la vez, los bolsillos de los coleccionistas - su obra For the love of God (2007) creo que es el epítome de ese concepto- .


Puede haber algo más cool que un monopatín de puntos Hirst de solo 770 dólares?

Estoy en Londres y el destino ha querido que me vuelva a tropezar con este tipo decididamente inteligente que tras acertar organizando en 1988 la exposición Freeze, con la que se inauguró aquel movimiento después bautizado como Brit Art o Young British Artists o YBA's, metió tiburones en formol a golpe de talonario de Saatchi, montó un restaurante llamado Pharmacy junto al rey de las relaciones públicas Matthew Freud y luego pudo reírse del mundo subastando la decoración en Sotheby's por más de once millones de libras (algunas de las piezas de aquel garito, que acabó muriendo de éxito, también pueden verse en la recién inaugurada exposición British Design del museo Victoria and Albert).

Hirst y sus puntos en Gagosian Gallery en Nueva York en enero.

Hace dos meses Hirst pasó por Nueva York: consiguió que doce sedes internacionales de la galería Gagosian mostraran al mismo tiempo sus cuadros de puntos de colores -en la jerga Hirst se llaman Spot Paintings-. No voy a juzgar a quienes decidieron recorrer el planeta sellando unos carnés de fans con los que demostraban haber pasado por todas las galerías: si al menos incita a viajar, bienvenido sea el artista más rico (y sobrevalorado) del mundo.


Un 'sencillo' juego de platos con 'diseños hirst' de apenas 17,000 dólares. Apropiado para bolsillos en crisis.

Crematorium: cenicero gigante con colillas. No se vende, es parte de la exposición.

Lo que ya no tengo tan claro es por qué una institución como la Tate Modern de Londres decide que Damien Hirst sea su estrella cultural de cara a la Olimpiada Cultural que se han inventado en la ciudad para apoyar los Juegos Olímpicos 2012. ¿De verdad seguimos colgados de la exposición 'blockbuster'? Cabe preguntarse ¿no es cultura suficiente el deporte en año olímpico? Y también me pregunto, ¿Por qué esta exposición la financia el Qatar Museums Authority??????

Unos rollos de papel para forrar paredes con 'diseños hirst' de apenas 400 dólares. Prácticos, a la par que cool y glamurosos.

Paseándome por la retrospectiva que se inaugura el 4 de abril y que podrá verse hasta septiembre (la crisis se deja notar en la interminable duración de las exposiciones a escala internacional) me llaman la atención dos cosas: el olor a colilla y el precio del merchandising. Lo del aroma es lógico ya que además de tener cientos de colillas expuestas en vitrinas con títulos tan existenciales como Dead Ends Died Out, Examined también hay un cenicero gigante (me recuerda demasiado a Claes Oldenburg) con miles de ellas titulado Crematorium. Son parte de su propia historia del arte: la retrospectiva la forman setenta obras concebidas (que no creadas ya que incluso él ha confesado que solo ha pintado tres de sus famosos cuadros Spot Paintings) por Hirst entre 1986 y 2011, incluidos sus famosos bichos en formol y aquella instalación llamada In and Out of Love de 1991 que vuelve a reproducirse aquí, con sus mariposas vivas planeando agresivamente sobre el visitante.

Múltiple de calavera. Edición de 50. Precio 59,000 dólares.

Pero lo más significativo de esta exposición se esconde en la tienda que cierra la muestra. Allí conviven dos tipos de objetos: los que vende la Tate Modern y los que vende directamente Damien Hirst a través de su empresa Other Criteria. El museo se contiene: hay posters a 11 dólares, una 'taza anamórfica y plato por 20 dólares, un paraguas hirst por 64 dólares o catálogos por 56 dólares. Son objetos comunes que suelen encontrarse en todas las tiendas clónicas que alimentan los presupuestos de los museos y que se asemejan a un bazar. Hirst, en cambio, utiliza la tienda de la Tate Modern (previo acuerdo comercial) como un verdadero supermercado del arte: ofrece objetos tan asequibles como Hallucinatory Head, una calavera de colores de 59.000 dólares, Charm Bracelet, una pulsera de plata de 17.600 o una cutre-silla de jardín con estampado-de-mariposa-hirst por 500 dólares. También hay un set de diez platos de porcelana china por 17.000 dólares, 100 metros de papel para forrar paredes por 400 dólares, o unos gemelos-píldora también por 400. Sin duda arte en estado puro ¿no?

Los gemelos-píldora. Ideales para una fiesta cool.

Yo recomendaría al visitante que al menos comprara una postal (de las que vende la Tate, no Hirst): las malas lenguas auguran que tras esta exposición la fiebre Hirst bajará a temperaturas siberianas. Y siempre es bonito tener un recuerdo de un momento único en la historia: la caída de un mito. Eso, diría el propio Hirst, también es arte. Y el arte, yo me sigo preguntando ¿qué es?