Nov 17, 2015

Josh Homme, ídolo policial


Esta entrevista con Josh Homme, fundador de los Eagles of the Death Metal y cantante de los Queens of Stone Age, la hice en 2007 para El País. La rescato ahora (no hay link a Tentaciones) porque no recordaba nada de él y me entró curiosidad por saber cómo era y donde se habrá escondido tras hacerse tristemente célebre porque su concierto se convirtió en el epicentro de la carnicería de los atentados de París. Tras releerla me lo imagino perfectamente en su querido desierto californiano y comprendo que haya preferido el silencio a dar entrevistas o hacer declaraciones inútiles. 

IDOLO POLICIAL
Barbara Celis, Nueva York
Joshua Homme es un pelirrojo de rostro travieso, altura desmedida y proporciones un tanto amenazadoras. Pese a ello, sus vaqueros ajustados, sus botas de ‘chupamelapunta’, su camisa a cuadros arremangada y sus tatuajes cutres en blanco y negro no llamarían demasiado la atención sino fuera porque estamos en el bar de uno de los hoteles más pijos de Nueva York, el W de Unión Square. A las ocho de la tarde, hora del encuentro, hay una congregación humana no apta para todos los públicos.  Mujeres con bolsos marrones de abuela marca Louis Voiutton, tacón fino y melena a lo Paris Hilton y ejecutivos recién salidos del trabajo de los que se desatan la corbata, se ahogan en vodka y piden canapés de salmón son una imagen demasiado turbulenta para un rockero de 34 años que lleva desde los nueve detrás de la guitarra, la batería, la vida al límite y el alto voltaje. “Vámonos de aquí, esto apesta” susurra.

Frente al hotel cuatro policías conversan apoyados en un coche. Al salir, el más joven le asalta: “ ¿Tú no eres el cantante de los Queens of the Stone Age?” . “Sí” contesta Homme con timidez. El policía se lleva la mano al bolsillo y contra todo contra todo pronóstico, saca un teléfono móvil con cámara incorporada. “!No me lo puedo creer! ¡Déjame que nos saquemos una foto juntos!” le ruega. Dicho y hecho. El cantante al que durante su adolescencia la policía le rompía el monopatín por el simple placer de hacerlo en Palm Springs (California), en medio del desierto y al que después han arrestado innumerables veces por macarra, posa sonriente junto a este joven oficial como si fuera parte obligada de la promoción de su nuevo y quinto disco, Era Vulgaris. Tras la falsa sonrisa me lleva hasta un bar cercano completamente vacío, compra seis latas de cerveza y comenta con sorna la jugada.

EL PAIS-¿Te pasa esto a menudo?
Joshua Homme- ¡No! Lo normal es que me paren y yo me ponga nervioso y revuelva en todos los bolsillos para asegurarme de que no hay nada ilegal. O que me tomen otro tipo de fotos después de hacer alguna burrada. Pero me alegra de que les guste el rock and roll. Deben ser las nuevas generaciones…

Oct 1, 2015

LA ESCLAVITUD EN UN SELFIE

[Este artículo se publicó originalmente el 8/9/2015 en la revista Ctxt, donde escribo semanalmente]

El día en que el mundo se estremeció ante la foto del pequeño Aylan yo estaba en Roma. Algunos periódicos, pocos, mostraban la dura imagen del niño ahogado, otros, la mayoría, simplemente escribían largos editoriales sobre ella. Los romanos, siempre dispuestos a conversar con la palabra y con el corazón, se echaban las manos a la cabeza. Pero en las calles de la cittá eterna los turistas, ajenos al drama, se hacían fotos con fruición frente al foro romano, piazza Navona o el Panteón. Y pese a viajar en grupos, en pareja o en general, acompañados, la mayoría invertía toda su energía en emular a Kim Kardashian y hacerse múltiples selfies, dejando así constancia de que incluso en Roma, rodeados de gente, familia, amigos e historia, el hombre del siglo XXI prefiere mirarse el ombligo a mirar a su alrededor.

Quisiera creer que quienes pagaban un euro por alquilar un palo de selfie a los abnegados inmigrantes de Sri Lanka y Bangladesh que pueblan los puntos calientes del turismo romano empuñando esas armas diabólicas eran conscientes de que su ego estaba contribuyendo a que quizás una familia comiera esa noche. 

APOCALIPSIS EN MARINA D'OR

[Artículo publicado originalmente el 8/7/2015 en la revista Ctxt, donde colaboro semanalmente]

“!Mamá, huele mal!”. Efectivamente hija mía, Marina D’Or apesta. No hace falta tener la fina nariz de un niño para darse cuenta de que nos rodea la inmundicia. Y no me refiero al olor nauseabundo a cloacas que se sentía en las calles de Marina D’Or el pasado fin de semana. Mientras ustedes deshojaban la margarita del Oxi y el Nai griegos, yo contaminaba mis ojos en Marina D’Or.  “Mamá, huele mal” repetía mi hija mientras avanzábamos en coche hacia el abismo de cemento que cerraba el horizonte y el olor a aguas fecales se colaba por las ventanillas. ¿Qué hacíamos allí? Necesitaba ver para creer. Nunca pensé que diría que sitios como Benicassim podían tener encanto pero después de ver Marina D’Or cualquier destrozo urbanístico de la costa española parece ‘arquitectura gourmet’ comparada con ese pecado capital.

EMPATÍA VACACIONAL

[Artículo publicado originalmente el 30/6/2015 en la revista Ctxt, donde colaboro semanalmente]

Este año he escogido para mis vacaciones un destino arrebatado, cargado de aventuras inesperadas: Grecia. La idea era ir a la playa con la familia a estar tranquilos en una isla pero el proyecto vacaciones se transforma día a día al mismo ritmo que las noticias que escupe el telediario. Nunca he vivido un corralito y la verdad es que la idea de vivirlo como turista me resulta un poco obscena. Ellos no podrán sacar dinero del banco pero yo aterrizaré con un montón de efectivo en el bolsillo. Ellos no podrán utilizar tarjetas de crédito pero yo sí porque mi tarjeta es sinónimo de divisas. Ellos saldrán a manifestarse a diario a favor o en contra del gobierno y yo pensaré en tomar sardinas en la playa. El turismo, así a priori, es un concepto que carece de empatía.

APRENDER A ESCUCHAR

[Este artículo se publicó originalmente en la revista Ctxt el 23/6/2015]

Del vientre de alquiler a la gestación subrogada en menos de 24 horas. ¿Qué me pasa, doctor? Es difícil explicar la transformación lingüistica que se ha producido en mi cabeza, sobre todo teniendo en cuenta la polarización con la que todo parece vivirse últimamente en todas partes. Al humano en general escuchar no se le da bien. Al español en concreto se le da francamente mal. Yo soy un híbrido al que además he de añadir una madre italiana y quince años viviendo lejos de mi país natal. Y a menudo, sí, también me polarizo. Pero para superar prejuicios no hay nada como aprender a escuchar. Y si eres periodista debería ir en tu adn aunque por lo que he leído últimamente por ahí tengo serias dudas de que escuchar esté unido al gen del reportero.

Hace unos meses me alteró mucho descubrir que un conocido iba a gastarse unos 200.000 dólares en un vientre de alquiler. Su pareja no puede concebir. La primera imagen que me vino a la cabeza fue "Año 2030, una fábrica en Tijuana llena de adolescentes mexicanas procreando como conejas para parejas pudientes norteamericanas". No sabía si eso estaba ocurriendo ya o no, pero aún así, fue esa imagen orwelliana la que ilustró la noticia en mi imaginación. "El horror, el horror", pensé mientras se me ponía cara de Marlon Brando en Apocalipsis Now.

JUEGO DE TUITS

[Artículo originalmente publicado el 16/6/2015 en la revista Ctxt, donde colaboro semanalmente]

En ‘Juego de Tronos’ la vida política se ameniza decapitando de vez en cuando a un rival en algún área urbana concurrida, o despellejando vivos a los enemigos en la plaza del pueblo. En el apartado ‘ocio y festejos populares’ también está el placer de ver a alguien luchar por su vida en esa especie de foro romano donde el pueblo se envilece ante la sangre y la Khaleesi palidece como una Maria Antonieta posmoderna. Mientras todo eso ocurre en una ficción escrita sobre los vestigios de nuestros hábitos pasados, en el mundo ‘civilizado’, en cambio, gran parte de los guiones se escriben en Twitter. A nuestra Khaleesi local, Manuela Carmena, no le ha dado tiempo ni de ajustarse las gafas tras ser nombrada alcaldesa que ya le ha tocado asistir a unos sangrientos juegos virtuales donde los leones digitales trataban de fagocitar a su concejal de cultura por unos chistes sobre el holocausto y las víctimas de Eta cincelados online en twitter hace cuatro años.

No hace falta que haga ‘apología del zapatismo’ porque considero que Guillermo Zapata, el ya ex concejal de cultura, se ha sabido defender estupendamente en múltiples foros, tanto en rueda de prensa como en textos al hilo de la polémica y en otros escritos mucho antes donde dejaba constancia de sus reflexiones respecto a esa idea cada vez más compleja llamada humor. Lamentablemente tener argumentos para defenderse de las acusaciones de antisemita sirve de poco frente a los guionistas de la realidad digital. El ensañamiento virtual y el linchamiento al que ha sido sometido en las redes resulta grotesco, incluso aterrador, porque nos demuestra que la civilización ha avanzado muy poco desde los tiempos (ficticios) de Juego de Tronos.

EXTRATERRESTRES

[Artículo originalmente publicado en la revista Ctxt el 2/6/2015]

Existen, están ahí y todos hemos tenido algún encuentro con ellos, aunque otros no nos crean. 'No estoy en Facebook'. 'Me quité de Whatsapp'. '¿Instagram? No, eso, mi hija'. Son seres raros, que suelen mirar a la gente en el metro y te observan extrañados cuando les pides que se callen porque es imperativo sacarle una foto a esa croqueta grasienta. Hay que colgarla de  inmediato en alguna red y que el mundo se entere de la mierda de croquetas que sirven en ese bar en el que habíais quedado para hablar y donde, mientras tú mantenías un monólogo con tu teléfono, él ponía cara de aburrimiento. Un tipo extraño, sin duda.