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Jan 11, 2010

RECORDANDO A LHASA

This time in Spanish

No suelo reproducir aquí los textos que publico en El Pais pero a éste le tengo cariño. Lo escribí en caliente, recién descubierta la muerte de Lhasa de Sela y recordando unos días de verano que compartí con ella.

In Memoriam
Sus inquietantes ojos rasgados la situaban en algún lugar indefinido de la geografía terrestre. Quizás no fuera del todo humana, porque a veces su sonrisa de hada triste podía llegar a romperte el corazón, como sus canciones más melancólicas. Oficialmente era canadiense, porque las leyes nos obligan a ser de algún sitio pero en realidad ella no quería ser de ninguna parte, porque Lhasa de Sela había crecido en un autobús, viajando entre México y Estados Unidos, jugando al teatro y a la música con su familia numerosa y su nomadismo de infancia se impregnó en su adn. Le gustaba hablar español cuando estaba en Nueva York e inglés cuando andaba por México y en Italia, donde yo la conocí, se reía a carcajadas tratando de hacerse entender con una mezcla de francés y español. Lhasa ‘me adoptó’ en Nápoles. Ella viajaba con un amigo común y toda su ‘troupe’ y ninguno hablaba italiano así que, casi por casualidad, me convertí en una especie de guía turística durante un par de días.

Había hipnotizado a la ciudad con su música la noche en que nos presentaron. Siempre ocurría, sus conciertos creaban un inquietante silencio, reverencial, y el que dio en Nápoles, durante aquel asfixiante verano del 2005, fue particularmente intenso porque tocar al aire libre en una ciudad italiana “tiene algo mágico”, decía ella. Todo era felicidad entre bastidores hasta que tuvimos que darle esquinazo a un fan, que la perseguía desde el inicio de su gira europea. Ella se agobió tanto que decidió irse a la cama. Le abrumaban los elogios y por eso le gustaba viajar, mezclarse con gente que no la conociera. En Montreal, la ciudad donde residía, era una estrella. En Nápoles, una ‘guiri’ más que sin embargo, no pudo huir de la tenacidad de un groupie obsesivo. Al día siguiente, las playas de Procida le hicieron olvidar el mal rato. Y los perros vagabundos que pueblan la isla. Se paraba a acariciarles y a hablarles constantemente. Parecía tener un canal de comunicación directo con ellos, al que yo apenas tuve acceso, porque Lhasa no se abría con facilidad a los desconocidos, aunque tuviera la capacidad de conquistarte en cuestión de minutos. En persona, o con su música.

Meses antes yo había tenido la suerte de escuchar una versión inédita que compuso del tema ‘Aatini Al-Nay’, de la estrella libanesa Fairuz. Era un tema bello y tristísimo que algún productor avispado algún día rescatará. Entre sus muchas patrias también estaba Líbano y la música era su forma de indagar en sus múltiples orígenes.

La ví un par de veces más. La última fue en Montreal. Me la encontré por la calle. Hablamos un rato y me atreví a proponerle que colaborara conmigo, que hiciera la banda sonora de un documental en el que yo estaba trabajando. Le interesó mucho el tema, leucemia. Poco después supe que ella misma había comenzado a luchar “como Gengis Khan”, en palabras de un amigo cercano, contra un cáncer de pecho. Paradojas crueles del destino. La enfermedad, que iba a ser la excusa para unirnos, impidió que volviéramos a encontrarnos.

A mí me gusta recordarla así, con la energía de este vídeo.

Jan 4, 2010

GOODBYE LHASA

I loved her music, and I loved her. I spent three days with Lhasa de Sela in Naples four years ago. She was a very special human being, like her music: velvet sounds for troubled souls but also sweet and charming tunes to keep our hearts warm. Now she's gone. She was only 37. It's not fair to die so young. Cancer, again, that awful plague! She died last Friday in Montreal. More information here.

This is one of her most beautiful videos, directed by my friend Ralph Dfouni, who took me with her on tour and allowed me to know better a singer whose exquisite music will keep her memory alive.