Oct 1, 2015

JUEGO DE TUITS

[Artículo originalmente publicado el 16/6/2015 en la revista Ctxt, donde colaboro semanalmente]

En ‘Juego de Tronos’ la vida política se ameniza decapitando de vez en cuando a un rival en algún área urbana concurrida, o despellejando vivos a los enemigos en la plaza del pueblo. En el apartado ‘ocio y festejos populares’ también está el placer de ver a alguien luchar por su vida en esa especie de foro romano donde el pueblo se envilece ante la sangre y la Khaleesi palidece como una Maria Antonieta posmoderna. Mientras todo eso ocurre en una ficción escrita sobre los vestigios de nuestros hábitos pasados, en el mundo ‘civilizado’, en cambio, gran parte de los guiones se escriben en Twitter. A nuestra Khaleesi local, Manuela Carmena, no le ha dado tiempo ni de ajustarse las gafas tras ser nombrada alcaldesa que ya le ha tocado asistir a unos sangrientos juegos virtuales donde los leones digitales trataban de fagocitar a su concejal de cultura por unos chistes sobre el holocausto y las víctimas de Eta cincelados online en twitter hace cuatro años.

No hace falta que haga ‘apología del zapatismo’ porque considero que Guillermo Zapata, el ya ex concejal de cultura, se ha sabido defender estupendamente en múltiples foros, tanto en rueda de prensa como en textos al hilo de la polémica y en otros escritos mucho antes donde dejaba constancia de sus reflexiones respecto a esa idea cada vez más compleja llamada humor. Lamentablemente tener argumentos para defenderse de las acusaciones de antisemita sirve de poco frente a los guionistas de la realidad digital. El ensañamiento virtual y el linchamiento al que ha sido sometido en las redes resulta grotesco, incluso aterrador, porque nos demuestra que la civilización ha avanzado muy poco desde los tiempos (ficticios) de Juego de Tronos.
Miles de ciudadanos anónimos, además de periodistas, políticos y famosos han decidido interpretar sus tuits de forma literal y fuera de contexto, como lo hicieron con el director de cine Nacho Vigalondo. Caza de brujas parece una buena descripción para su caso. Pero aunque a muchos nos pese, lo cierto es que ése es un riesgo inherente a la existencia digital y si hay alguien que debería saberlo es precisamente quien tiene presencia constante en las redes. El propio Zapata debería haberlo previsto: su cuenta (hoy borrada) tenía más de 50.000 tuits. Obviamente entre tantos miles de palabras siempre se puede encontrar algo que utilizar como carroña. Y cuando se entra en el juego de la política convencional, todo es susceptible de convertirse en alimento para las bestias, como nos recuerda cada semana Juego de Tronos, o House of Cards, o cualquier periódico.

Ahora hay que contar con la nueva inquisición, las redes sociales, como explicaba con detalle Javi Salas en este texto brillante. Ellas son una máquina imparable con el efecto expansivo de una cabeza nuclear y así se ha alimentado gran parte de la rabia y la furia contra Zapata. Aunque no está de más recordar que en este caso la prensa también ha jugado una carta muy clara en el linchamiento del concejal. Y es que, como me dijo tras las elecciones británicas Charlie Beckett, especialista en medios de comunicación y política, “sería estúpido decir que la prensa de papel ya no influye. Es más, creo que se le da demasiada importancia a las redes sociales. Las redes retro-alimentan nuestras creencias pero no sirven para que la gente cambie de opinión. Creo que la prensa aún tiene ese poder”.

Aún así, todo el que utiliza las redes sabe que se expone al escarnio público por escribir cualquier cosa que no tenga un sentido claramente definido. Los matices del lenguaje, esos que convierten la palabra en un placer del que disfrutamos muchos, pierden su poder frente a la dictadura de la literalidad de los 140 caracteres.

Dimisión es una palabra ajena a la política española. Pero en el ámbito del 15M y los indignados, de donde procede Zapata, se ha pronunciado a menudo y se ha exigido de forma constante. Sin éxito. Ahí está la cúpula del PP, que según un juez y no twitter, cobró sobresueldos durante más de una década y hasta construyó su sede madrileña con dinero negro, pero eso no es motivo de dimisión. Sí lo es, parece, decir chorradas potencialmente ofensivas en la red cuatro años antes de meterse en política. A mí no me parecen errores del mismo calibre pero aún así Zapata ha dimitido. Forzado por la polémica o consecuente con lo que él le ha exigido a otros, la cuestión es que ha dado un paso poco habitual en nuestro entorno político. Si la política fuera justa debería tener un efecto boomerang y deberíamos empezar a ver una lluvia de dimisiones en los viejos partidos pero lamentablemente, todos sabemos que no hay justicia en la política.

Estaría mal escribir sobre Zapata sin aclarar antes que he trabajado con él. No somos amigos, no le conozco en persona, sólo por Skype, pero he mantenido una relación profesional con él. Lo digo para que nadie venga a reprochármelo buceando en el pasado de mis escasos 5962 tuits.


El domingo, mientras comenzaba a escribir esta columna, y antes de conocer el desenlace final de esta historia, me imaginaba a miles de personas con sus tabletas o sus móviles escondidos dentro del periódico. “Cariño, voy al cuarto de baño”. Y allí, en la intimidad incomparable que sólo el señor Roca es capaz de ofrecer, iban cayendo por el desagüe millones de tuits susceptibles de ser malinterpretados, o escritos con ferocidad en un arrebato momentáneo, o al revés, redactados tras mucho pensar para parecer el más ingenioso, o el más agudo, o el más brillante pero todos con demasiados matices como para sobrevivir a la dictadura de la corrección política que impone el siglo XXI. Tanta literatura espontánea, incluso moderna, viajando hacia el olvido a través de nuestras tuberías por miedo al escarnio público. Sin duda, material de primera para un guionista y Zapata lo es. Espero que cuando deje la política escriba una serie contándonos éste y otros capítulos del juego de tronos madrileño.   

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