De Niro la siguió con más generalidades -qué le ha pasado a este actor que ya sólo hace películas malas y se ha olvidado de hablar?- y luego se unió Spike Lee, que presenta en el festival dos tv-movies -una sobre un día en la vida del jugador de baloncesto Kobe Brian y otra sobre el musical Passing Strange-. Me hizo gracia que dijera que nunca había participado en Tribeca porque nunca había tenido las películas listas a tiempo para este festival, aunque sí las ha tenido para Cannes o Venecia. Y a Tribeca ni siquiera acude con películas en el estricto sentido de la palabra si no con dos encargos televisivos... Por suerte ahí estaba Uma Thurman, de belleza extraterrestre, para decir que lo que a ella le gusta es el cine europeo (atención europeos, Thurman está en el jurado) y que el cine que ves en un festival es poco comercial y eso es "inspiring". -podría haber vivido sin escuchar estas frases pero creo que son lo único salvable de esta rueda de prensa-.A las preguntas obvias sobre la crisis económica no contestó nadie, y eso que se las hicieron al menos tres veces. Un festival que nació para luchar contra una crisis debería al menos saber capitalizar ese argumento. Se mencionó de pasada la necesidad de usar el cine como escapismo en tiempos de crisis, y se zanjó el asunto. Tras el paripé, aliñado por una empresa de comunicación que llevó a un montón de gente sólo para acompañar a los periodistas a las butacas como si aquello fuera la ópera, la rueda de prensa acabó con la típica foto de las estrellas. Lo peor de todo es que encima de no decir nada saldrán en todos los periódicos cuando en realidad se merecerían que nadie escribiera una línea sobre tanto obviedad y se reservara el espacio para descubrir cineastas y comentar las películas que merezcan la pena.
Lamentablemente, el mundo de las ruedas de prensa es así de triste. Cuando era estudiante hice un trabajo analizando cuántas noticias procedían de ruedas de prensa o comunicados oficiales y cuántas las había salido a buscar el periodista. El resultado fue un desbordante 90% frente a un ínfimo 10%. Con la proliferación desmesurada de 'empresas de comunicación' (gran eufemismo para decir empresas de publicidad) calculo que el porcentaje es aún más deprimente. De quién es la culpa?

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