Nov 3, 2011

LA FALSA LIBERTAD DE PODER ELEGIR



En Estados Unidos he aprendido una cosa: la libertad aquí se mide en función de la cantidad de cereales y detergentes a los que tienes acceso en el supermercado. La creencia popular es que a mayor variedad de marcas, mayor libertad. La sensación al entrar en cualquier tienda es sencillamente abrumadora. ¡Oh, Dios, cuánta libertad! En política se crea exactamente la misma ficción: somos libres porque podemos elegir entre muchos. En la práctica, resulta que elegimos entre dos. Igual que en el supermercado, donde lo que más se vende suelen ser las marcas que 'nos suenan', es decir, aquellas que tienen suficiente dinero como para publicitarse. O sea, como en política. En Estados Unidos eso además está exacerbado ya que los partidos pueden aceptar dinero practicamente de cualquiera y suele ocurrir que el presidente más votado es el que más dinero tenía para hacer campaña. Aquí no hay retórica sino números: Barack Obama se gastó más de 700 millones de dólares en su campaña en 2008, más del doble que su rival John McCain. Y Bush también batió records de cartera cuando ganó a Al Gore en 2000.

Pero en las elecciones que ya planean sobre Estados Unidos este año entra un nuevo jugador que hasta ahora tenía que hacer maniobras de camuflaje para colarse en las campañas (había limitaciones a la financiación electoral) y ahora tiene el camino completamente libre para apropiarse sin pudor de los hilos de la política: las grandes empresas, las corporaciones, en una palabra, el dinero de ese 1% contra el que miles de personas siguen acudiendo cada día al parque Zuccotti en Wall Street -o a otras protestas del país, como las de Oakland, que ayer vio como su puerto, el quinto más activo del mapa estadounidense, se veía obligado a suspender sus operaciones durante cinco horas por la presión de 3000 manifestantes-.

En 2010 el Tribunal Supremo estadounidense dictó una sentencia que cuando la historia la mire en retrospectiva obligará a todo el país a avergonzarse: se la conoce como el Citizens United ruling, fruto de la denuncia de la organización conservadora Citizens United versus Federal Election Commision. La sentencia otorga a las empresas los mismos derechos que a los ciudadanos estadounidenses, conviertiéndolas en ciudadanos de facto. Si las empresas también son ciudadanos, tienen todo el derecho de acogerse a la primera enmienda y por tanto es inconstitucional limitar y regular el dinero que se gastan para influir en las elecciones. Es decir, que si antes había ciertos límites a esas contribuciones, este año en cambio, todo el monte es orégano.

Ayer dos congresistas que sin duda también contaron con contribuciones empresariales para ser elegidos - nadie llega a la política en este país sin ellas- propusieron en el Congreso una enmienda constitucional que permitiría a esa institución regular las contribuciones y por tanto revocar esa sentencia. Parece que a algunos políticos aún les queda un poco de conciencia aunque el sentido común abandonó a nuestros dirigentes hace años y hoy hay que ir a buscarlo a otros foros de diálogo, como el parque Zuccotti, o la basura.
No es coña. Ayer, dentro del festival Performa 11, vi a un artista ruso que se pasó veinte minutos metido boca abajo haciendo el pino dentro de un cubo de basura. Es donde nos hemos metido todos permitiendo que los políticos jueguen con nuestro futuro sin control y se vendan descaradamente. Y lo que el 15-M u Occupy Wall Street me hacen pensar es que la gente se ha cansado de hacer el pino en este contexto económico y político tan deprimente y surrealista como la mencionada performance. Y hay demasiada basura como para quedarse quieto mirando al fondo del cubo.

Oct 27, 2011

HAPPINESS HAS TO BE SHARED, ALWAYS!

Porque creo que lo bueno (y lo malo) es más saludable cuando se comparte, hoy quiero cederle aquí espacio a Felipe Santos, junto al que tengo el gusto de haber ganado el V Premio Paco Rabal de Periodismo Cultural que concede la Fundación AISGE. No le conozco, pero estoy deseando felicitarle en persona por su perfil de la gran coreógrafa Pina Bausch, -(Omar Khan, esto te lo dedico a tí por tus esfuerzos por mantener viva la danza en los papeles a través de SusyQ)-
Reproduzco aquí el primer párrafo de un trabajo que fue publicado por la revista Política, Cultura y Arte , que por cierto, no conocía y también aconsejo, aunque aún tengo que explorarla bien. De momento puedo decir que no es una oda al diseño y sí a los contenidos, lo cual, desde mi en exceso 'fashionable' Nueva York, yo agradezco mucho.
(nota:Abajo añado información sobre mi propio blog, para quienes no lo conocían):

EL MIEDO CREADOR DE PINA BAUSCH (por Felipe Santos)

Pina Bausch tenía un semblante troyano, como el de aquellas mujeres que los aqueos dejaron tras de sí después de tomar la ciudad. Su mirada decía extraviada, a medio camino entre el sueño y la vigilia, similar a la que el dolor debió dejar en el rostro de Hécuba, Casandra o Andrómaca cuando vieron a sus familiares muertos y Troya arrasada por las llamas. “Yo fui una gran tímida de niña. Y vivía con mucho susto, un sentimiento que aún conservo y que, en parte, ha sido mi motor. El miedo mueve. El miedo hace crear porque tú quieres inventarte un mundo donde tus ideas y tus sueños funcionen”.

Pina Bausch (c) Atsushi Iijima

Así es como se fue a estudiar a la Juilliard School de Nueva York, con la inseguridad de quien ve en la desproporción de la metrópoli -y más si la comparaba con su Solingen natal- la magnitud del abismo al que se acercaba. Por suerte, los profesores que allí la esperaban dieron el empujón final a un talento que empezó a fraguarse bajo las mesas del restaurante que regentaba su padre, donde se sentaba a cavilar en mundos imaginarios. Sólo salía de allí para, de vez en cuando, divertir a la clientela con bailes improvisados.
Continuar leyendo aqui.

PD: el post de Crónicas Barbaras premiado lo podéis leer aquí.
Y para quienes no conocían este blog, decirles que nació así, aunque en realidad el primer post se me ocurrió poco antes, en este momento que necesitaba contar y no tenía donde. Solía escribir a veces en inglés, y a veces en español, que es como uno piensa tras pasar once años en un país que habla otra lengua, aunque durante el último año apenas he escrito por falta de tiempo. El premio que acabo de recibir lo interpreto como una señal luminosa para seguir adelante con un blog que en realidad me ha dado sólo alegrías. Y es posible que lo desdoble en breve para separar el inglés del español y no confundir a quienes no leen en ese idioma. Gracias por visitarlo. Sin lectores los blogs mueren!

Oct 21, 2011

OCCUPY EDUCATION STREET




Poco importa que haya mucha gente tratando de minimizar la importancia de Occupy Wall Street. En el seno del movimiento siguen ocurriendo cosas y poco tienen que ver con el folklore que tiende a ser reproducido en la prensa. Más allá de las pancartas variopintas, de las declaraciones variadas de los habitantes de Zuccotti Park, de cómo vistan o quién les alimente, que parecen ser los temas preferidos por televisiones y periódicos, los grupos de trabajo surgidos de esa plaza siguen creciendo y trabajando. El de educación, que comenzó con ocho personas hace una semana, ya tiene más de 150, según me contaba hoy uno de sus miembros, y una serie de aliados estelares, entre ellos la New School University, cuyos profesores manifestaron su apoyo oficial al movimiento a principios de mes y ahora trabajan en una idea que yo calificaría de maravillosamente radical, en el sentido positivo del término 'radical': comenzar a llevar sus clases a la plaza y preparar un programa de estudios para una posible universidad nómada.

Nueva York aglutina gente con mucho talento, y ese talento también ha optado por apoyar OWS. Si la clave de casi todo está en la educación, (y en Estados Unidos la falta de ella explica muchos de sus problemas) me parece muy significativo que profesores de la que en su día fue una de las universidades más progresistas del país, nacida con la finalidad "de enseñar como fin en sí mismo y no de limitarse a la profesionalización", se impliquen activamente en este movimiento. Que nadie espere demandas concretas dirigidas a los políticos. De lo que se trata es de crear estructuras nuevas en las que la política, tal y como está concebida hoy en día, no tiene espacio. Nadie tiene ningún interés en 'destruir el sistema'. No hace falta desperdiciar energía en eso. Lo interesante es la idea de construir otro diferente basado en el sentido común y alejado de los intereses y corruptelas que pueblan el que está vigente.

También hay profesores de Columbia University, de CUNY y de otros centros, a los que hoy sólo se accede pagando miles de dólares, dispuestos a trabajar en el proyecto. Mientras, los de secundaria ya han empezado a llevar a sus alumnos a Zuccotti Park para darles clase 'in situ' sobre derechos civiles. No recuerdo que eso ocurriera en los encuentros del Tea Party. Por algo será.

Soy hija de un pintor que además enseñaba en la facultad de arquitectura y muchos de sus alumnos, que luego fueron mis amigos, me hablaron de cómo les marcó mi padre. A mí también me marcaron algunos buenos profesores. Te pueden cambiar la vida. Por eso creo que si la educación se implica en Occupy Wall Street, es noticia. Y muy buena.

Hay muchas más cosas que contar que no están escritas en las pancartas. Prometo hacerlo en cuanto el pluriempleo me deje un minuto (Yo también soy el 99%).

Oct 16, 2011

PEQUEÑAS ESCENAS INDIGNADAS

Toda revolución, o amago de ella, incluye grandes y pequeñas escenas. Las grandes son las que de una u otra forma llegan a la prensa y al público y generan noticias, análisis sesudos, tribunas de opinión y con suerte, hasta cambios económicos y políticos reales. La manifestación del 15 de Octubre en Times Square y en cientos de ciudades del mundo pertenece sin duda al grupo de las grandes escenas.

Occupy Wall Street in Times Square
Foto de John de Guzman. 15 octubre 2011. Times Square.
(El sistema de 'corralitos' en las manifestaciones neoyorquinas impide que la masa se junte, evita que las fotos sean más espectaculares y rompe la energía que consiguiría una masa compacta. Aún así en Times Square hubo al menos 10.000 personas)

Las pequeñas escenas son las que se viven a diario, fogonazos de humanidad, que incluyen nuestras pequeñas alegrías y miserias personales en medio de algo mucho más grande y que, pese a ser anécdotas, a veces también ilustran esa revolución. Después de pasarme un mes cubriendo las protestas del movimiento Occupy Wall Street hay algunos momentos pequeños que me gustaría compartir:

-Ilustrando la crisis 1:
-7 de octubre, Washington Square Park. Los ocupantes de Liberty Square se han trasladado por un día a Washington Square y celebran una asamblea. La plaza está rodeada de coches patrulla, lecheras y de policías porra en mano. Se acaba la asamblea, me doy una vuelta y decido irme a casa, no creo que haya nada nuevo que escribir hoy. Voy a subirme a mi bicicleta y resulta que se le ha salido la cadena. Despotrico y trato de arreglarla sin éxito. En ese momento una furgoneta llena de policías aparca delante. Se bajan. Me observan y me dicen: ¿necesitas ayuda? "Hombre pues sí, muchas gracias!". Se manchan las manos de grasa y muy amablemente colocan otra vez la cadena en su sitio. Sonríen y hasta tontean un poco. Al final me atrevo a preguntarles: "Perdona pero... ¿tenéis intención de arrestar a mucha gente hoy? "¿Por qué? ¿Planeas hacer algo?". "No, soy periodista, pero desde que los indignados se indignan me ha tocado trabajar todos los fines de semana y esperaba poder descansar hoy pero veo mucha policía por aquí y si hay muchos arrestos seguro que me llaman del periódico para escribirlo". "Hombre, si te soy sincero, a nosotros la protesta no nos viene mal, estamos cobrando muchas horas extras y las pagan muy bien. Nuestros sueldos no son muy allá". "Qué suerte, yo no cobro horas extras, ni sábados, ni domingos. Ni siquiera tengo un sueldo". "Ya, es que vuestra profesión está muy mal". "Pues sí, muy mal". "En fin...". "En fin..."...

-Ilustrando la crisis 2:
-En Liberty Square. "Y usted, ¿a qué se dedica?". "Soy periodista". "No se quejará. Le estamos dando mucho trabajo". " ¿Y usted qué hace?" "Estoy en paro. Pero mire la paradoja, mi falta de trabajo le da usted de comer. Y si no, siempre puede venirse aquí a comer pizza. El occupy special es un hit"...

-Valorando la asistencia a una manifestación:
14 de octubre. Seis de la mañana. Llegó tarde la convocatoria montada para frenar el desalojo de Liberty Square. Llamo a otra periodista: "¿Estás ya ahí?". "Sí". "¿Hay mucha gente?". "Uf, esto está petao". "¿Como el día de la manifestación?". "Pues sí, la plaza a rebosar. Para que te hagas una idea no hay manera de encontrar aparcamiento para la bici".

-La revolución no descansa. Y cansa!
Saliendo de Liberty Square me encuentro en el metro con una activista que conozco. Aprovecho para entrevistarla y luego nos ponemos a hablar de otras cosas. "¿Adonde vas?", le pregunto. "A comprar un filtro para mi acuario. Mi tortuga no puede más. Llevo un mes viviendo en Wall Street. Mi vida es un caos. No tengo tiempo ni de poner la lavadora. Y estoy cansadísima". "Ya, yo también. Pensaba descansar el sábado pero está la convocatoria del 15-O. Yo estoy encantada con la revolución pero... ¿no os podríais indignar en lunes?". Risas. "Ya, yo también lo he pensado pero la revolución no descansa".

-Percepciones de una revolución:
Washington Square, 12 de la noche, 15 de octubre. Después de una asamblea masiva un pequeño grupo de unos 100 indignados se debate entre intentar ocupar la plaza o volver a Zuccotti Park. Varios de ellos le cantan guitarra en mano una divertida versión del clásico de Ben E. King Stand by me (la letra adaptada al momento dice 'NYPD stand by me') a un ejército de al menos 400 policías (la policía neoyorquina siempre fue muy exagerada) desplegados para evitar que ocupen la plaza. Las pizzas de Liberatos (la pizzeria oficial de la ocupación) acaban de llegar humeantes y corren entre los indignados. De repente oigo esta conversación:
- ¿Qué te parece todo esto de Occupy Wall Street?
-Mucha policía y mucha pizza gratis. Pero con tanta policía no consigo disfrutar de toda esta pizza. Comería más a gusto si no me estuvieran todos mirando.

Sep 11, 2011

PORNOGRAFÍA EMOCIONAL DE UNA CATÁSTROFE

Hace dos semanas que los neoyorquinos somos nuevamente víctimas del 11S. Pero esta vez el culpable no es ese enemigo indefinido llamado terrorismo si no nuestra prensa, nuestro gobierno, nuestras instituciones culturales y hasta nuestros intelectuales, culpables por ausencia (¿dónde están???). Vivimos sumergidos en la pornografía visual y emocional del 11S y yo, como muchos neoyorquinos, me declaro saturada y horrorizada, sobre todo ante la lluvia de imágenes que incitan a la lágrima fácil y ante la ausencia de análisis crítico tanto en lo que leo como en lo que veo en televisión o incluso entre las muchas exposiciones y actos culturales que explican/explotan el ubicuo logo 'aniversario 11s'. Me siento como el protagonista de aquella escena de La Naranja Mecánica, de Stanley Kubrick, al que sentaban frente a un monitor, le mantenían los ojos abiertos a la fuerza y le obligaban a devorar contra su voluntad millones de imágenes de violencia 'para curarle'. A nosotros, en cambio, se limitan a inyectarnos una nueva dosis de miedo, para que no podamos disfrutar de la paz que el paso del tiempo otorga a quienes han sufrido. Una amiga me comentaba esta mañana: "Me sorprende cómo nos prohibieron ver las imágenes de la gente que se tiraba por las ventanas cuando aquello ocurrió, aunque las de los aviones estrellándose se repetían a todas horas. Diez años después no sólo podemos verlas todas si no que nos las disparan sin filtro, sin pudor, 24 horas al día, con la excusa de que la ciudad está conmemorando la tragedia y ya está lista para ver ciertas cosas". A los muertos iraquíes o afganos, después de una década, aún no los he visto. Pero lo realmente terrible es que la ciudad no está llorando a sus muertos o celebrando un luto, simplemente se ha entregado al bombardeo visual despiadado, tortura y terrorismo emocional en estado puro.

Ayer miraba unas fotografías de la zona cero en una de las múltiples exposiciones dedicadas al tema y trataba de entender por qué me entraba dolor de estómago y se me saltaban las lágrimas. "Te estaban removiendo un trauma" me dice una compañera. Y así llevo dos semanas. Otros amigos en cambio, que no vivieron los atentados en la ciudad, me decían frente a las mismas fotos: “A mi me aburren” o, “artísticamente no me dicen nada, son solo un documento”, o “no me dan la dimensión del desastre”, pero sobre todo, “me dan igual, he visto demasiadas”.

No debe ser científicamente correcto medir los 'niveles' de trauma aunque me atrevería a decir que comparado con el que sufrieron los ruandeses que sobrevivieron al genocidio de un millón de personas en su país, o para los iraquíes que han aguantado una guerra de ocho años, o para los yugoslavos que estuvieron sitiados en Sarajevo, "nuestro trauma", exceptuando a aquellos a los que la muerte les tocó de cerca, es una nimiedad. Al fin y al cabo, apenas duró una mañana. Y al día siguiente, nos animaron a salir de compras, que es como dicen que se solucionan todos nuestros problemas en este siglo (aunque a juzgar por los números todos nuestros políticos llevan al menos diez años equivocándose).

Pero aunque nuestro trauma fuera pequeño en comparación a la actual hambruna de Somalia, por ejemplo, no existe otro trauma en la historia tan documentado y tan mediatica y políticamente explotado. Desde el 12 de septiembre del 2001, todo el planeta ha vivido bajo el discurso del miedo, y diez años después, ahí seguimos. Tras la muerte de Bin Laden el discurso no ha cambiado si no que se ha vuelto aún más sofisticado, como corroboramos otra vez estos días, cuando nos vuelven a elevar las alarmas terroristas contra un enemigo, ‘el otro’, desconocido, indefinido, sin rostro, ni nombre y por tanto mucho más amenazador que el propio Bin Laden, (que con el pasar de los años era casi como de la familia!).

Para el resto del mundo el 11S fue un espectáculo visual, fascinante e hipnótico en el que estos días se regocija la prensa mundial y local con un desparpajo obsceno. La vergonzosa explotación visual de los atentados me ha vuelto a provocar los ataques de ansiedad que tuve después del 11S, tras vivir durante meses en una ciudad físicamente tomada por soldados y policías armados como en una dictadura. Fue quizás la época más oscura de Nueva York, cuando una palabra tiñó nuestro otoño, ántrax, y la psicosis era tal que hasta el azúcar era sospechoso; las sirenas de bomberos y ambulancias nunca dejaban de sonar, los aviones surcando el cielo te hacían dudar, y el olor inconfundible y desasosegador de la zona cero era nuestro desayuno diario, sobre todo si eras periodista y te tocaba pasar tus jornadas por allí. Y si hacías demasiadas preguntas, y encima eras extranjero, te miraban con desconfianza y te tachaban de anti patriota. La prensa estadounidense enloqueció, exactamente igual que ahora y el espíritu Judith Miller tomó por asalto incluso a los diarios más respetables, idiotizando su capacidad crítica.

He tenido la suerte de tener que escribir poco sobre este aniversario y por tanto no he tenido que alimentar 'el monstruo'. Aún así, como simple ciudadana, si yo estoy sufriendo estos días, no me quiero ni imaginar cómo lo están pasando quienes perdieron su casa, su trabajo, su negocio, sus padres, sus hijos o sus amigos. Lo repito, terrorismo emocional. No hay posibilidad de saber qué pasa en el mundo. Una vez más, "el mundo empieza y acaba en Nueva York. Y por favor, recuerde, tenga usted miedo" parecen decirnos a través de fotos de bomberos rotos de dolor, de niños que dibujan aviones o de nubes de polvo sobre oficinistas que huyen de Manhattan.

Pero hay quien ha sabido ir más allá de ese morbo violento que busca carroña entre las memorias de bomberos y familiares y ha hecho reflexiones verdaderamente interesantes sobre este mundo post 11S. "Hace falta cambiar el pensamiento relacionado con el 11S. La respuesta política al 11S ha sido lamentable" escriben dos filósofos británicos, Brian Evans y Simon Critchley en un artículo en el que hablan de las bases del documental Ten Years of Terror, que tuve la suerte de ver en el Guggenheim -aún hay proyecciones el lunes y el martes- y que realmente ha sido la reflexión más interesante sobre los atentados con la que me he tropezado. Desde el domingo 11S las entrevistas que forman ese documental también estarán online en la web histories of violence ,donde pensadores como Noam Chomsky o Saskia Sasse nos dan su visión histórica y teórica sobre aquella fecha y su relación con la violencia . Porque los atentados, más allá de su impacto contra la ciudad o el planeta, marcaron una nueva etapa de violencia de los gobiernos contra sus habitantes. Ofuscados por tantas fotografías de héroes carbonizados y torres en llamas que invitan al miedo y la congoja, estos días resulta fácil olvidarse de que ése es el verdadero y único significado de los atentados. Mi amigo el periodista Julio Anguita Parrado fue una de las víctimas de esa violencia, como lo han sido los cientos de miles de víctimas de las dos guerras 'economico-santas' nacidas del 11S. En homenaje a ellos creo que mañana, 11S, apagaré la televisión, no leeré los periódicos y por primera vez en mi vida me iré sonriente a un desfile de la semana de la moda contenta de entrar en el universo-burbuja del dedal y feliz de escapar, al menos por un día, del universo enfermizo creado alrededor de este aniversario.

Brian Massumi, uno de los pensadores del documental Ten Years of Terror analiza con ironía la ideología del absurdo construida tras los atentados.

Aug 7, 2011

Adiós al Manhattan que fue bohemio



Publicado hoy en El Pais pero al ser un tema muy neoyorquino me lo he traído al blog y he añadido alguna cosa más:

Esa imagen de Nueva York que el cine, la literatura, el arte y la música del siglo XX cincelaron en el imaginario colectivo del planeta ya no existe en el mundo real. Hoy es simplemente leyenda, nostalgia y mitomanía. Cuando está a punto de cumplirse el décimo aniversario de los atentados del 11-S resulta significativo pensar que, indirectamente, aquella tragedia marcó un punto y aparte en la vida cultural de una ciudad que en los años previos a aquel ataque ya había puesto rumbo al orden, el control y la dictadura del dinero -tres conceptos siempre inherentes al alma de Manhattan pero de los que una gran parte de la cultura siempre había conseguido zafarse gracias a la existencia de barrios sin ley dentro de la isla-.

Pero tras el 11-S la ley se impuso, el proceso se aceleró y ya no hubo escapatoria. Entre el estado policial que se creó en Nueva York durante los años que siguieron a los ataques y la lluvia de billetes que caracterizó la mitad de la década, con el consiguiente boom inmobiliario, la isla a la que le cantaron Bob Dylan, Lou Reed, Patti Smith o Leonard Cohen fue sacudiéndose de encima todos los resquicios de su pasado bohemio y transformándose en un lugar cada vez más inaccesible para la cultura no avalada por instituciones, tarjetas de crédito o celebridades. Por eso era solo cuestión de tiempo que los grandes templos del underground de antaño fueran eliminados sistemáticamente a medida que Manhattan se llenaba de edificios residenciales, restaurantes caros, boutiques coquetas y hoteles con bares de moda en sus tejados. La sustitución de unos por otros ha durado exactamente una década.

Las víctimas son más que célebres: el CBGB, que vio nacer el punk rock y Los Ramones; el Tonic, donde John Zorn experimentó con el ruido; la Amato Opera, donde los amantes de ese género podían asistir a funciones por unos pocos dólares... El motivo siempre era el mismo: el precio de sus alquileres había subido demasiado y los dueños ya no podían pagarlo. En su lugar ahora hay odas arquitectónicas al cristal y tiendas de lujo, protagonistas del paisaje del Manhattan de hoy. El mes pasado, dos de los últimos vestigios del siglo XX cerraban sus puertas para entrar en el mundo de la nostalgia: el hotel Chelsea y el Mars Bar.

Del hotel Chelsea, hogar de poetas, cantantes y artistas rebeldes de múltiples generaciones (de Dylan Thomas a Allen Gingsberg), se ha dicho y escrito todo. Su futuro parece unido a su venta y reconversión en un edificio de apartamentos de lujo, como le ocurrió al hotel Plaza. El Mars Bar, en el East Village, fue parada obligada de espíritus indómitos cuando los taxistas no se atrevían a ir más al este de la segunda avenida a mediados de los ochenta por miedo a ser asaltados. Fue antro oscuro de grafitis roñosos, cerveza barata, olor a orín, rock clásico y clientela excéntrica, una isla en un barrio hoy entregado a los locales con velas perfumadas y chicas con mechas y bolsos de Louis Vuitton. En su lugar pronto habrá un rascacielos con apartamentos para millonarios.

La cultura underground neoyorquina viajó del West Village en los sesenta, al Soho en los setenta, al East Village en los ochenta y los noventa. Pero no es necesario llorar del todo su muerte: las nuevas fronteras están ahora al otro lado del East River, en Queens y en Brooklyn, donde florece la cultura alternativa del siglo XXI y los artistas aún pueden hacer locuras en libertad. Quizás dentro de 100 años alguien escriba un artículo llorando su pérdida, pero para entonces ya habrán nacido Los Ramones, Gingsberg o Basquiat de este siglo. Y su historia se habrá escrito en esos otros barrios que también son Nueva York.

PD: me faltó contar muchas cosas, como que aún sobrevive el Max Fish en la calle Ludlow, salvado in extremis el pasado invierno o que hay pequeños teatros y colectivos artísticos como The Kitchen aún en la brecha y que como consecuencia de la crisis en los últimos meses han aparecido pequeñas islas underground en el corazón de Manhattan, pero aún no sé si son anécdota temporal o están aquí para quedarse. Y no me gusta hacer predicciones. Esperaremos.


Aug 5, 2011

The top 1%

I am writing different stories related to poverty, race, rents, money and reading about young people protesting inequalities in Chile and Spain. In my research I came across this Al Jazeera report about the top 1% of Americans, the wealthiest ones, and how the inequalities among rich and poor people have grown as big as a century ago. Very well explained, specially for those who couldn't understand what exactly was at stake during the fight to raise the debt ceiling in Congress last month.

The top 1% - Fault Lines - Al Jazeera English