May 20, 2011

Quiero un MAYO del 2011 con final feliz!

Foto robada a mi amigo Ivan

Hay quien no cree en la espontaneidad de las protestas que hoy recorren España. Hay quien tampoco cree que sean legítimas por llegar con años de retraso respecto a los problemas que acucian desde hace demasiado tiempo a los jóvenes y a toda la sociedad española. Hay quien hasta las tacha de irrespetuosas. Peor para ellos. Se están perdiendo el disfrutar y sobre todo el participar de uno de los momentos más interesantes y necesarios que ha vivido la sociedad española en décadas.

Visto desde la lejanía, y después de haberme indignado durante años al ver a hordas de españoles absolutamente enajenados, invadiendo las tiendas de Broadway armados con euros poderosos y consumiendo como poseídos, como si nada fuera más necesario que volver a casa cargados de trofeos neoyorquinos, ciertamente tengo que decir ¡ ya era hora!, pero sobre todo quiero decir ¡qué bien, la gente ha despertado!

En Estados Unidos las protestas de los ciudadanos contra sus políticos y sus banqueros tras la crisis tampoco han llegado a tiempo, de hecho no han llegado aún. Lo más parecido fue lo que ocurrió en Wisconsin, cuando el gobernador anunció el pasado invierno que se cargaba todos los derechos sindicales de los funcionarios de un plumazo. Durante semanas Madison, la capital del estado, se convirtió en la zona cero de lo que parecía podría convertirse en una revolución a escala nacional. Lamentablemente no llegó a ocurrir, aunque sus protestas duraron casi dos meses y de repente, miles de personas al menos se hicieron preguntas. Pero no fue a más y eso me entristece, porque en este país, más que en ningún otro, la democracia demuestra a fuego todas sus contradicciones, y la peor de ellas, la brecha entre ricos y pobres (con todo lo que eso conlleva), se ha disparado en la última década a unos niveles nunca conocidos en la historia de la democracia (os recomiendo además estos reveladores gráficos).

Cuando estalló la crisis aquí se deberían haber hecho acampadas de meses, quemado bancos, y salvando las distancias con la edad media, haber juzgado en la plaza pública a mucha gente, y no precisamente a Bin Laden, oficialmente el único malo de todas las películas. Pero quién sabe, las revoluciones llevan su tiempo. Ultimamente están estallando muchas, nunca hay que perder la esperanza de que también lleguen hasta aquí. Razones no faltan.

Del atisbo de revolución en Wisconsin apenas hubo noticias en Europa. Hoy me alegraba al ver que la puerta del Sol estaba en la portada de The Washington Post y en The New York Times. Pese a todo lo que se dice de la lenta agonía de la prensa, resulta que sigue siendo necesario estar en los medios tradicionales para que tu voz se oiga a gran escala.

Algunos amigos, escépticos con carné, estos días me escriben desde España con otro tono y hasta parecen sonreír y entusiasmarse con lo que están viviendo. Muchos otros, que llevaban años trabajando lejos de los focos y buscando alternativas políticas y sociales a esta rancia democracia nuestra, como los vinculados a la librería Traficantes de Sueños, veo que incluso han trasladado sus debates a Puerta del sol, en medio del mogollón. La prensa les solía ignorar. Ya no porque ya no están solos y la prensa, por desgracia, necesita de la masa para reaccionar. A los chicos de Juventud sin Futuro (hoy integrados en Democracia Real Ya) apenas se les tomó en serio cuando se manifestaron hace un mes y por supuesto el titular fue la bronca que hubo al final, no sus reivindicaciones. Esta vez hay tanta gente que nadie lo puede obviar -a excepción de intereconomía, quizás?-.

Democracia Real YA. Me gusta el lema. Sólo espero, quiero, deseo que las propuestas reales que parecen ir naciendo de asambleas y debates en toda España salten de esos maravillosos carteles que pueblan las calles a la vida real. No queremos otro desenlace como el de mayo del 68 (solo diré que personajes como Dominique Strauss-Kahn son hijos de aquella revolución). Queremos un mayo del 2011 con final feliz.

May 17, 2011

SOÑAR EN COLORES Y CON MÚSICA

Hace una semana descubrí a un ser extraordinario del que me enamoré de inmediato. Hay quien opina que no es una gran escritora, hay quien piensa que es de las mejores. Tiene todos los premios, pero es cierto que los premios y el talento no siempre van de la mano. Yo no quiero entrar en ese debate porque no me corresponde. Yo me enamoré de la persona, o del personaje, dirán algunos. Y de su palabra hablada. Soy así, de amor a primera vista, y si además de por medio hay verbo inteligente y sagaz, caigo fulminada. Tuve la suerte de pasar muchos ratos con ella, y no precisamente como periodista. Así descubres como a veces los periodistas queremos creer que conectamos y conocemos a las personas a través de nuestro trabajo pero en realidad es una ego-ficción, suele ser la gente en la sombra la que mejor llega a conocer a 'las estrellas'.


Ana María Matute sueña en colores y con música. Lo dijo durante una charla en el Instituto Cervantes de Nueva York. A muchos les sonará naive y hasta producto de una pose. Pero es cierto. Después de subirme y bajarme con ella de varios taxis, de comerme los macarrones de su plato, de verla pelear con humor contra su sordera y contra el enemigo que nos acecha a todos, la vejez, sólo puedo creerla y aplaudirla. Si alguien a los 85 años y con la maleta vital de Matute aún es capaz de soñar en colores y con música, no todo está perdido.


De repente veo como en España la generación que vive inmersa en la pesadilla del ni-ni, por fin toma las calles. Movimiento 15-M. Quiero creer que todos esos madrileños hoy reunidos en la Puerta del Sol han empezado a cambiar sus pesadillas por sueños en technicolor y con banda sonora. Ojalá se peleen para llegar a los 85 años manteniendo vivo ese espíritu. Yo estoy en ello. Y ahora tengo una musa.

Aquí dejo dos fotos calentitas recién enviadas por Manu Cuellar live from #spanishrevolution !!!!

Mar 17, 2011

Pocas palabras

La empatía es esa bellísima cualidad que nos hace realmente humanos, nos diferencia de los seres de cuatro patas y del animal aquel que dijo el otro día por televisión que "El coste humano del terremoto japonés es mayor que el económico y hay que estar agradecidos por ello". Pero mi empatía en estos momentos da igual. Frente a la posibilidad de que una parte del planeta estalle por los aires y encima el resto lo veamos en directo por televisión, creo que lo que yo pueda sentir o decir es totalmente superfluo. Estos días no encuentro palabras, ni ánimos, ni realmente nada que escribir sobre esta ciudad o este país en el que vivo que no sea prescindible. Miento. Wisconsin y su pequeña gran revolución sí darían para hablar y escribir un montón pero creo que habría que estar allí, el periodismo de corta y pega prefiero evitarlo cuando esté en mi mano.

Lástima que ese primer indicio de conciencia ciudadana y política plantándole cara de verdad a la hipocresía económica que nos gobierna y que estalló en Wisconsin, palideció informativamente primero ante las revueltas en Oriente Medio y después ante el cataclismo múltiple japonés. Quizás haya sido sólo el principio de algo que por su belleza esperanzadora pueda al menos hacernos olvidar durante un rato el espanto de lo que ocurre en Japón. La movilización social contra una ley que barre de un plumazo un siglo de derechos sindicales ha sido lo único verdaderamente interesante a nivel político que ha ocurrido en este país en el último año y si os queda energía para leer más allá de Japón, The Nation, Mother Jones y The Atlantic han hecho un estupendo seguimiento, shame on the New York Times, que apenas lo ha contado.

En cuanto a Japón lo único que quiero es recomendar un blog, el de la periodista (que además hace espléndidos dibujos) Tana Oshima, una mirada hacia lo que ocurre en su país de origen pero desde la reflexión calmada de alguien de allí que mira desde lejos, desde el recuerdo futuro y aporta una visión personal y pistas informativas, las justas, sin agobiar ni 'egoagobiarnos'. Gracias! Notas de Fukushima.

Feb 28, 2011

LA OTRA CARA DEL OSCAR Y EL GLAMOUR: PARTY CRASHERS

Durante la temporada de los oscar la gente se pone creativa. El arte de colarse en una fiesta también se merece un oscar y el pasado domingo en Los Angeles yo hubiera dado unos cuantos. La gente es capaz de todo con tal de llegar hasta donde están las estrellas. Si no, ¿cómo explicar que una mujer vestida de princesa con un espantoso traje de tul y gasa amarillo limón fuera cazada infraganti en el tejado del Best Western hotel de Sunset Boulevard tratando de SALTAR, con todo su faldón a cuestas, al jardín del contiguo hotel Sunset Tower, donde se celebraba la fiesta post-oscar de la revista Vanity Fair? No lo leí en internet. Me lo contó allí mismo uno de los policías -en Los Angeles son sheriff- encargados de evitar que gente como ella se colara en esa fiesta. A la mujer la ví, aunque fue minutos después de ser 'cazada', esta vez junto al chiringuito de seguridad, asaltando a otros invitados o supuestos invitados que hacían cola frente al sheriff -que cobraba turno doble pagado por Vanity Fair-. Finalmente la vi meterse a presión en un coche de un grupo de gente que no conocía y a los que tal vez convenció para que le abrieran la puerta del glamour. Ver para creer.

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La puerta del hotel Best Western, primera entrada
hacia la fiesta de Vanity Fair en Sunset Boulevard


Seamos sinceros, los oscar suelen ser un muermazo aunque ha habido pocas galas tan aburridas como la de ayer. Y encima Bardem no ganó. Pero yo nunca me he divertido tanto como en la puerta de esta fiesta glamurosa a la que no entré porque no estaba invitada. Pero lo que ví fuera junto a mi colega de aventuras periodísticas Idoya es posible que superara a lo que se vio dentro. En realidad salí a estirar las piernas un rato mientras escribía sobre los oscar para uno de mis pluriempleos con tan buena suerte que el primer kiosko de seguridad a esa fiesta estaba precisamente en la entrada del hotel en el que pasaba la noche de okupa, un best western sencillo pero matón pegado al hotel Sunset Tower. Esa proximidad me permitió descubrir el insondable mundo de los party crashers: lo que la gente es capaz de hacer o decir para colarse en la fiesta más exclusiva de Hollywood fue un sublime espectáculo, mucho mejor que la aburrida gala oficial que todos sufrimos via tele.

Las fans improvisadas de San Diego y unas party crashers congeladas

Primero me hice amiga de un grupo de fans con carné, un grupo de mujeres de San Diego que estaban allí apostadas chillándoles piropos a las limusinas que depositaban famosos unos metros más abajo y ejerciendo de público privilegiado de dos policías y un jefe de seguridad encargados de pedirle a quienes llegaban a pie el ticket - el que tiene pase pasa y el que no tiene... no pasa-. Vanity Fair los reparte por horas, según lo famosas que sean las estrellas. Así vi entrar por ejemplo al director Joel Coen, con cara de pocos amigos - True Gritt tenía 10 candidaturas y no se llevó ni un oscar- o al actor John Hawkes, de la película Winter's Bone.


Aunque no lo parezca este es Hawkes con su pareja,
mi iphone es un fraude y es muy lento. Las fotos salen así de borrosas

Otra opción era que tu nombre estuviera en esa lista exclusiva, encuadernada a modo de agenda bastante gorda y que según me explicó el jefe de seguridad se había impreso esa misma tarde con los cambios de última hora. "Sólo hay doce copias" decía mostrando orgulloso una de ellas.

Claro que también había una tercera opción, la única que casi me arranca unas lagrimitas. David Seidler, ganador del oscar a mejor guión original por El discurso del rey, llegó caminando despacio con un grupo de amigos. Su discurso al recoger el oscar había sido una reivindicación del trabajo, la constancia (él también es tartamudo como el rey protagonista) y sobre todo de la experiencia vital - !vivan los mayores!- y cuando llegó hasta el policía que velaba el acceso, se topó con la pregunta habitual ¿está usted en la lista? Seidler, con aire cansado pero risueño, levantó su oscar y le contestó "¿esto le vale?". Fue una entrada triunfal que casi emocionó al jefe de seguridad de la fiesta y arrancó un aplauso y vítores a las fans de San Diego.

Jim Sturgess hablando por teléfono como un auténtico party crasher

Hubo otra entrada parecida aunque en un principio no prometía mucho. Dos jóvenes muy sonrientes llegaron hasta el sheriff y reprodujeron uno de los diálogos más repetidos en este lugar: "No estamos en la lista pero nuestro amigo tal y tal sí". "Lo siento pero si ustedes no están él tendrá que salir a buscarles". Y como todos los que recibían esa respuesta se agarraron al teléfono y se pusieron a esperar. Así lo hizo por ejemplo Jim Sturgess, protagonista de la olvidable Across the Universe, cuyo nivel de fama no fue suficiente para que las señoras de San Diego lo reconocieran así que mientras él pasaba media hora esperando a que alguien le abriera la puerta del cielo, ellas le comentaban que habían visto a tal o cual famoso, como hacían con todos los que llegaban y eran rechazados en la puerta. El tipo parecía majo, al menos se rió con ellas como si fuera un anónimo más. (acabó entrando)


Mi primer oscar! (miento, es ajeno pero auténtico, el de mejor corto de animación)

Curioseando me puse a hablar con los dos chicos que mencioné antes y que también se agarraron al teléfono, -venían un pelín borrachos y no tan elegantísimos como Sturgess- y resulta que esperaban a Andrew Ruhemann, que un rato antes se había llevado un oscar como director al mejor corto de animación por The lost thing (Ruhemann ha producido animación durante diez años, entre otras las de la banda Gorillaz y se estrenaba como director con este corto). Los chicos no mentían. Con una deliciosa corbata en la que decía Good Luck, Ruhemann llegó poco después con su oscar en la mano. Posó simpático para una foto pero lo que es mejor, le prestó el oscar a todos los aspirantes a estrella que perecían de frío en minifaldas imposibles tratando de encontrar una excusa para colarse en la fiesta. Confieso, yo (en pantalones), también me saqué una foto con su oscar. Y después, por supuesto, Ruhemann entró en la fiesta con sus amigos enarbolando su trofeo.

Dos party crashers con talento: el sheriff las felicitó por su creatividad inventando excusas para colarse. !Se merecían este oscar! (aunque en realidad es el mismo con el que posé yo)


Andrew Ruhemann (en el centro) y sus amigos

También disfruté mucho asistiendo al deporte más practicado de la puerta, el de la telefonía distraída. Uno se acerca caminando como si nada mientras hace que habla por teléfono e intenta tranquilamente atravesar con decisión la barrera de dos sheriff y el señor de la lista. Cuando le paran se hace el ofendido. No cuela pero todos parecían sentirse muy importantes sacándole brillo al auricular.

Este hombre llegó teléfono en mano y luego estuvo tratando de convencer a las fuerzas del orden. Ahí les dejé. Quizás hasta fuera alguien importante pero no estaba en la lista...


Eso sí, la versión putón verbenero del asunto parece funcionar muy bien. Dos chicas altas, muy pintadas y de piernas muy desnudas se pasaron media hora sentadas mirando a las limusinas y coches que desfilaban frente a nosotros camino del chiringuito de seguridad de los coches (posterior al kiosko del Best Western). Solo les faltó hacer autoestop. Finalmente dos hombres solos bajaron la ventanilla, las invitaron a subir y ellas, incrédulas, dijeron "¿seguro?". "Seguro". Y voilá, derechitas hacia la fiesta. El juego de Hollywood en estado puro.

Amanece en Los Angeles. Mañana será otro party...

Feb 23, 2011

23F: mi memoria en un periódico



La vida a veces se pasa de sofisticada. El 23 de febrero de 1981 yo tenía siete años e iba a un colegio que se llamaba Estados Unidos de América. Era un colegio público y no nos enseñaban inglés pero curiosamente marcó mi destino porque aquí estoy, viviendo en el corazón del imperio (en decadencia) desde hace ya una década.


En aquel colegio también se fraguó otra extraña casualidad. Semanas después del 23F la señorita Conchita, una infame profesora que en lugar de enseñarnos matemáticas nos hacía rezar avemarías -lo juro- llegó una mañana de primavera pidiéndonos escribir una redacción sobre el 23F. Quería que contáramos cómo vivimos aquel día, qué recordábamos y qué sentimos. La petición tenía truco: nuestras palabras no eran para ella si no para unos periodistas que después escogerían algunas frases de los niños y las publicarían en su periódico. El periódico era El Pais, que yo solía ver desparramado por mi casa porque mis padres se lo repartían para leérselo por partes y al final siempre había páginas por todas partes que a mí me parecían un engorro.


Yo no me acordaría de nada de lo que escribí -y por lo tanto de lo que viví- si no fuera porque meses más tarde mi madre me tendió un ejemplar de El País Semanal que recuerdo con una portada de color naranja en la que decía algo así: 'El 23F y los niños'. Fue el primer artículo de periódico que me leí, -una recopilación de frases de niños con sus nombres y edades entre paréntesis- buscaba mi nombre y el de mi inseparable amiga Macarena y... !zas! allí estaban los dos. Había dos frases mías y una de Macarena y como hacen los niños cuando descubren algo, fui corriendo a enseñárselas a mi madre. "Pues yo creí que iba a haber una guerra y nos iban a matar". Cuando mi madre leyó esa frase me miró preocupada: "¿de verdad pensaste que nos iban a matar?". La otra frase no la recuerdo, como tampoco recuerdo ese miedo, o esa guerra que extrañamente planeó sobre mi cabeza de niña. Pero allí estuvo, porque yo lo escribí. Pagaría oro por volver a leer entero aquel texto que llevó por primera vez mis palabras hasta las páginas de un periódico que por azares de la vida se convertiría precisamente en mi principal publicación como periodista.

Nunca podré encontrarlo pero sí aquel artículo. Por eso los periódicos son imprescindibles. En ellos se atesoran nuestras memorias colectivas, queda constancia de nuestros errores y nuestros miedos, son los recuerdos imborrables de nuestra propia historia, esos que quizás nuestra memoria individual prefirió borrar pero que como sociedad no podemos dejar que se desvanezcan. ¿Quién no recuerda donde estaba el 11S? Os reto a coger un periódico de aquel día, o mejor, el del 23F, que para eso estamos recordando, y de repente, si no érais muy niños, os lloverán memorias, personales y colectivas. Hay que regresar al pasado para mirar hacia el futuro. Y hoy a los periodistas quizás nos nuble un poco la vista el exceso de presente inmediato. Twitteamos hasta las pausas en un discurso de un político! ¿Alguien se leerá esos twitters en el futuro? Calculo que la obsesión pasará. Y lo importante, quedará en los periódicos - de papel o de los otros-.

Feb 19, 2011

Disparates


Leo esto: "Reino Unido bloquea las exportaciones de material antidisturbios a Libia y Bahréin. El Gobierno británico ha anunciado la cancelación de más de 50 permisos para exportar material antidisturbios a Bahréin y Libia, para evitar que se utilicen para dispersar a los manifestantes". Y no puedo dejar de preguntarme ¿ cómo es posible que occidente sea realmente tan caradura?
Vender armas y material antidisturbios es un negocio legítimo e indiscutible hasta que ese material se utiliza precisamente para lo que estaba concebido, o sea aporrear gente. Entonces decidimos que ya no se lo vendemos más, no vayan a utilizarlo... !!!!¿¿¿!!!!!!¿¿¿¿¿
Os cedo la palabra. Yo estoy completamente speechless.

Feb 18, 2011

Arte oficial, espontáneo y patos


Me and Tara Donovan

El otro día entrevisté a una coleccionista que me dijo: "En Nueva York hay que ver veinte galerías para encontrarte con una que merezca la pena". Primero pensé 'qué exagerada, tampoco está tan mal el mundo del arte'. Pero en realidad tiene razón, lo que pasa es que como la oferta artística es abrumadora se nos olvida que calidad y cantidad son dos conceptos muy diferentes. Ayer decidí aprovechar la luna llena y el amago de primavera para darme una vuelta por Chelsea y 'hit some openings', como dicen por aquí y la verdad, fue decepcionante. A excepción de la artista del cuadro, Tara Donovan, y de un video titulado A game of chess, de Marcel Dzama, no vi nada que me removiera la piel, las tripas o la cabeza. Quise ver el video del que todo el mundo habla en la ciudad desde hace semanas, The Clock, de Christian Marclay pero su galería no ha sabido explotar en absoluto la peculiar obra del artista y en lugar de estar abierta 24 horas proyectando el video de 24 horas que Marclay ha creado con tanto mimo -24 horas de imágenes de películas con relojes dando la hora que coinciden con la hora real-, sólo tiene horarios de galería normal. Menos mal que ahora tenemos youtube y al menos he podido explorar su trabajo, fascinante por cierto:



Pero Nueva York tiene muchos artistas anónimos que no se ven en las galerías y que contribuyen a que una frustrante tarde artística se vea compensada por el arte espontáneo. Indudablemente los mejores son los artistas que lo son sin ser conscientes de ello, por ejemplo este señor que se pasea por la ciudad con un maniquí en la mano para vender 'ropa interior Michelle Obama':


Y siempre hay maravillosos descerebrados que por carambolas del destino hacen arte de forma espontánea. Quién sabe, por ejemplo, el origen de esta hermosa escultura urbana, la más bella que vi anoche:


En realidad el arte no debería estar solo en las galerías si no en las calles, en las casas, en los hospitales, en los ministerios, en los sitios donde vive la gente, no en sitios creados a propósito para mostrarlo. Lo dice Raquel Sacristán, una artista que esta semana piensa devolverle a la naturaleza unos patos disecados en una suerte de ritual en Barcelona. Olé!